Por Agustín Ochoa Ortega. En el vibrante marco de la 10º Feria Internacional del Libro de Almirante Brown, el reconocido historiador Daniel Balmaceda cautivó a un auditorio colmado con la presentación de su última obra, "Los años locos en la Argentina". Este libro no es solo una colección de relatos, sino un mosaico vívido que captura la esencia de la década de 1920 en un país que, como bien señala Balmaceda, "descubrió el vértigo, celebró el bullicio y abrió las puertas de la vida moderna".
En una exclusiva conversación con "A Subirse a las Tablas", Daniel Balmaceda ofreció una profunda reflexión sobre aquellos hábitos y transformaciones surgidos en los años 20 que, sorprendentemente, aún resuenan en nuestra vida actual. "Los años locos marcaron un terreno que sigue muy vigente en tantos aspectos que nos podemos imaginar", afirmó el historiador, para luego ilustrar su punto con ejemplos elocuentes.
"Doy dos ejemplos nada más", explicó Balmaceda. "El colectivo, que es de 1928, y es un sistema de transporte surgido por una crisis que había en ese momento entre los tranvías y los buses, como así también la malaria del taxi." Este medio de transporte, tan arraigado en la cultura argentina, es un testimonio vivo de la capacidad de adaptación y la inventiva de la época. El segundo ejemplo, aún más revelador, nos remonta a la forma en que concebimos el tiempo: "El otro ejemplo es muy sencillo, nosotros decimos, por ejemplo, son las 18 horas; no obstante, en los años 20 se definió que el día no tenía 12 horas AM y 12 horas PM. Tenía que tener 24 horas. Eso enloqueció a nuestros abuelos. No entendían qué significaba 18, 23". Un cambio que, si bien hoy nos parece natural, fue una verdadera revolución en su momento.
El prólogo del libro nos sumerge aún más en este período efervescente. Mientras Buenos Aires presenciaba la construcción del icónico edificio Barolo y el nacimiento del colectivo, se proclamaba la hora oficial y se realizaba la primera transmisión de radio. Paralelamente, los argentinos comenzaban a congregarse en clubes, salones, cines y canchas, forjando rituales sociales que, hasta el día de hoy, moldean nuestra vida cotidiana.
El afamado escritor también destacó el impacto transformador de los años 20 en la figura femenina. "Fue tal el cambio que se generó en la mujer en los años 20 que ya no hubo vuelta atrás con la mujer saliendo a bailar sin una chaperona, sin un acompañante mayor", subrayó Balmaceda, enfatizando que a partir de entonces, todo fue diferente. La participación en actividades antes restringidas a una élite se democratizó, abriendo las puertas del entretenimiento, el deporte y muchas otras esferas a todos los estratos sociales.
Con su extraordinario olfato para desenterrar historias y personajes que revelan la esencia de una época, Balmaceda ilumina los maravillosos años veinte con una serie de anécdotas cautivadoras: la visita de Albert Einstein, la idolatría por Firpo, la revolución de las mujeres al volante, la desazón de Borges ante las melenas, la rebeldía masculina contra el saco, la elección del árbol nacional, la cruzada popular contra las moscas, la campaña de las primeras candidatas al Congreso, el furor de los "enigmáticos", las trasnoches del príncipe de Gales, el auge de las academias de baile y la irrupción de la moda como un manifiesto de libertad.
Balmaceda profundizó en el atractivo magnético que Buenos Aires ejerció en ese entonces. "A diferencia de otros tiempos en los que las visitas a nuestro Río de la Plata estaban más concentradas en figuras de la presa de ópera que venían, por ejemplo, del Teatro Colón, en los años 20, Buenos Aires se convirtió en un polo de atracción. Y eso hizo que llegaran al país cantidad de visitantes ilustres. Ese entonces fue único." El historiador concluyó con una reflexión nostálgica: "Les aseguro que nos encantaría viajar aquel tiempo para ver recibidas estas personalidades y cómo se vestía de gala Buenos Aires y sus habitantes para darles la bienvenida. Un mundo bajo y lejano, pero muy, muy, muy corteño".
"Los años locos en la Argentina" de Daniel Balmaceda es, sin duda, una invitación a revisitar una década fundamental en la historia argentina, un período de cambios vertiginosos que sentó las bases de la modernidad y cuyas huellas aún perduran en nuestro presente.
