Por Agustín Ochoa Alejo García Pintos es uno de los actores más populares de nuestro país. A lo largo de su carrera ha conservado un bajo perfil, sin que ello signifique perder el reconocimiento de su público. Sus estudios en el campo del arte se iniciaron en el teatro, actividad que escogió al terminar el colegio. Hace cuatro años fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura por el HCD de La Plata.
Dos años después de graduarse de secundaria, interpretó a Pablo Díaz en “La noche de los lápices” (1986), el importante filme de Héctor Olivera. Por este papel estuvo nominado como mejor actor protagónico en el Festival Internacional de Cine de Moscú en 1987 y como revelación masculina por la Asociación de Cronistas Cinematográficos.
En tanto, en la pantalla chica ha trabajado en diferentes producciones, entre las que se destacan “Rincón de luz” (2003), “Floricienta” (2004), en la cual protagonizó a Evaristo (malo), “Chiquititas sin fin” (2006) y “Casi ángeles” (2007), en la que hizo el papel del villano Bartolomé.
En conversación con A SUBIRSE A LAS TABLAS, Alejo García Pintos repasó sus comienzos en el teatro; el momento que marcó un antes y un después en su vida profesional; las sensaciones que le genera trabajar con su amiga Emilia Mazer en la obra “Un encuentro Casual” en el escenario del “Mil80” del barrio porteño de Villa Porteño; y en los proyectos que trabajó.
Todos los viernes realizas "Un encuentro Casual" en una de las salas más reconocidas de Villa Crespo: ¿De qué se trata?
Un encuentro casual es una historia cautivante. Si bien es una historia simple, pero tiene un contenido muy interesante que a veces pareciera que lo dejamos de lado: nuestra propia identidad. Es una historia de amor de dos personas que se conocen en Madrid veinticinco años atrás y después de tener un encuentro de una sola noche, madrugada y un día quedan en volver a encontrarse unos meses después porque él vivía en otro país y estuvo casualmente en Madrid, por eso se encuentran. Se produce un desencuentro que se transforma en muchos años que no se vuelven a ver hasta que la vida los lleva a reencontrarse en Buenos Aires veinticinco años después retomando ese vínculo y esa historia que había quedado trunca. Cuando digo que es una historia de amor, es porque tiene un contexto histórico que tiene que ver con que este personaje tiene a su padre desaparecido y por eso vive en Europa debido a que se exilió con su madre. Vino a la Argentina a filmar una película para contar su historia y ahí es donde se produce el reencuentro con el personaje de Emilia después de veinticinco años. Lo más divertido y loco es que tenemos fotos con Emilia, fotos de hace veinticinco años y de actualidad con lo cual la gráfica de la obra no nos resultó difícil porque tenemos material de aquella época y de ahora; así que eso estuvo bueno también.
¿Cómo fue el proceso de armar el personaje de esta historia de amor?
Fue bastante espontáneo y sencillo todo porque la obra está escrita de una manera muy llevadera; con diálogos muy posibles. A mi no me gusta utilizar ni con mis alumnos cuando doy clases ni ejerzo este oficio, hablar sobre creíble debido a que creíble puede ser para algunos y para otros no, si no a mi me gusta hablar sobre una situación posible o no. Esta obra está escrita con textos; diálogos; situaciones dramáticas muy posibles por el contenido de la obra y por cómo está escrita básicamente; entonces ha sido realmente un trabajo muy llevadero y sencillo desde el punto de vista de poder transitar todo el recorrido de la historia de estos dos personajes que se encuentran después de veinticinco años y haber pasado esa noche juntos. Es muy sencillo poder decir esos textos. Es un plus y el actor siempre agradece cuando tiene un texto que lo puede rápidamente incorporar y hacerlo posible.
Con Emilia Mazer son amigos hace más de treinta años y han compartido en algún momento algún set de filmación: ¿Qué te genera compartir escenario con Emilia? ¿Cómo surge la idea de hacer juntos "Un encuentro Casual"?
Emilia (Mazer) es la autora de la obra. Un día me llamó para contarme que había escrito una obra y que lo quería hacer conmigo. Del primer momento me encantó la propuesta y la obra. Es un placer laburar con Emilia y autodirigirnos porque también nos planteamos la posibilidad de quién lo dirige, pero nos dijimos tenemos treinta y pico de años trabajando en esto, nos conocemos un montón y vamos a dirigirlo juntos, así que no hubo egos que hayan generado algún tipo de conflicto, al contrario todo lo que aportamos cada uno nos sirve y lo tomamos con mucho cariño.
¿Qué sensaciones te genera ser, además, el director de está fantástica pieza teatral?
Es raro. Si bien no es la primera vez que dirijo debido a que lo hago con las obras de los alumnos de mi escuela y lo hice con micro-teatros, pero es la primera vez que nos mandamos con algo más profesional en el sentido con una actriz de una gran trayectoria como la de Emilia Mazer, aunque se nos hace muy fácil. Cuando los actores nos ponemos de acuerdo en lo que queremos contar y la autora es Emilia no es muy difícil. Además, somos dos personas que nos tenemos mucho cariño y los egos como el narcisismo lo corremos de lado porque sabemos que cuando uno le aporta un comentario al otro es con la mejor voluntad, para poder fortalecer y enriquecer la muestra; así que estamos muy contentos con poder hacer la obra y dirigirlo juntos.
¿Hacía cuanto que no te subías a un escenario? ¿Qué proyectos realizaste en ese tiempo?
Hacía dos años que no subía a un escenario. Realicé una obra a mediados del 2019. Hice algún tipo de lectura o esas cosas que a veces hacemos, pero teatro temporada fue a mediados del 2019 en el Caras y Caretas un espectáculo que lo dirigió Arturo Bonin sobre textos de Vicente Muleiro, que era un monólogo, en el verano siguiente decimos no hacer nada porque había empezado con la conducción de un programa de radio en la ciudad de La Plata, de donde soy oriundo, después vino la pandemia y se terminó todo. Me tuve que quedar en Buenos Aires debido a que no podía viajar a La Plata y empecé hacer las cosas típicas que hicimos los actores en tiempos de pandemia, por ejemplo hacer un streaming; lecturas por instagram; teatro leído; o leer algunos cuentos. Cuando se pudo volver, estuve filmando durante cuatro meses con Ricardo Darín y Peter Lanzani “Argentina 1985”, una película sobre el Juicio a las Juntas que se estrena este año por Amazon bajo la dirección de Santiago Mitre; y la serie "Privier" con Nicolás Tuozzo; y las participaciones de Mónica Antonopulos; Antonio Ajaka; Viviana Sacone que se llama Premier. Todo eso me tuvo ocupado durante el 2021.
¿Qué recuerdos tenes de tus comienzos?
Los mejores recuerdos. Es muy difícil elegir uno. Rescató mucho mis comienzos en el teatro independiente porque es ahí donde yo creo que pude engendrar el bichito del oficio, me inocularon el virus hermoso del teatro. Mis maestros de La Plata no tenían formación actoral de escuela tradicional, sino que era a través del oficio y del hacer. Aprendí a manejar luces y sonido, era acomodador, barría la sala; pintaba las paredes del teatro. Actuaba y era asistente, les cobraba a mis compañeros y con eso me costeaba el taller de teatro porque no tenía plata para pagar, entonces me ofrecieron ser el que cobraba las cuotas a los demás alumnos y con eso me becaron. También el conservatorio fue un cúmulo de experiencias que fueron un gran aprendizaje; entonces todo eso se tradujo en los distintos espectáculos que iba estrenando a medida que iba haciendo, desde el teatro infantil que fueron mis comienzos como general suele hacer para los estudiantes de teatro, hasta haber llegado a protagonizar un unipersonal escrito por David Viñas sobre la vida de Rodolfo Walsh en el Teatro Cervantes, hacerlo durante dos años en el teatro y realizar giras por todo el país. El recorrido es muy amplio y hay hermosos recuerdos.
¿Cuál fue el personaje que marcó un antes y un después en tu vida artística?
El papel de Pablo Díaz en La Noche de los Lápices como único sobreviviente de aquella triste noche en plena dictadura, fue como el comienzo y la apertura de puertas para comenzar un camino que me fue obviamente un poco más sencillo por haber debutado profesionalmente como actor con una película que fue un gran éxito; que es el día de hoy y treinta y cinco años después se sigue proyectando; viendo y hablando. Eso me ha marcado y mucho porque me dio mucho orgullo hacerla; me trajo muchas satisfacciones al poder recorrer el mundo en más de una oportunidad representando a la Argentina con esa película. También me gustó mucho hacer Rodolfo Walsh escrito por Viñas; me gustó y me gusta mucho hacer televisión, comedias; debuté en teatro con María Rosa Gallo; Jorge y Aída Luz. He tenido una paleta de colores y artistas con los que he tenido el honor de trabajar.
También das clases de juegos teatrales: ¿Qué enseñanzas tratas de transmitirles a tus alumnos?
Básicamente la pasión por este oficio. No puedo adjudicarme la transmisión de un método equis porque vengo de una formación bastante ecléctica, empecé en mis primeros años en el teatro independiente más antiguo del país que es el teatro “La Lechuza” de La Plata; después terminé el colegio secundario allá y vine a vivir a Buenos Aires para estudiar en la Escuela Nacional de Arte Dramático, que hoy en día es la Universidad Nacional de las Artes, y ahí hice mi tránsito por distintos métodos, después hice algunos talleres con Agustín Alezzo, Lorenzo Quinteros; luego fui dirigido por Carlos Gandolfo. Con todos los que he trabajado vienen de distintas escuelas y métodos, entonces es imposible transmitir una sola cosa porque no me gusta casarme con una sola manera de trabajar. Sí lo que quiero transmitir siempre es la alegría que nos tiene que provocar este oficio cuando nos subimos al escenario y nunca perder la posibilidad de lo lúdico debido a que a partir de eso aparecen cosas, es como los chicos cuando empiezan a jugar con una maderita que después se junta con otra, ponen una gomita en el medio y lo transforman en un avión, luego pasa a ser una cruz, o un palito que es la punta de un castillo de arena. Así que el trabajo del actor tiene que ver con eso, uno va jugando, probando, frustrando, consiguiendo objetivos y de pronto te encuentras con que estás componiendo tu personaje. Eso es lo que trató de transmitir, pero por sobre todas las cosas que disfruten y de entrada por mi trayectoria en televisión, básicamente en programas para jóvenes y niños de todos los que he hecho con Cris Morena, hacerles entender que este oficio, trabajo no es sencillo y no es una cuestión de soplar y hacer botella, que de verdad la fama no es el objetivo inicial que debe tener nadie, si eso viene, viene y si no viene hay que ser felices con lo que hacen en el escenario.
Breve reflexión sobre el lugar que ocupa la actuación en tu vida.
Es uno de los pilares que nos sostiene generalmente. Por supuesto tengo la suerte de tener dos hijos que ocupan un lugar protagónico porque son la luz de mis ojos, son esos seres que me alegran todo el momento; mi familia y mis amigos. Pero cuando todo eso está sentadito en la platea viéndome actuar es uno de los momentos más hermosos que uno puede transitar. El teatro es tener a gente amorosa que sabes que están ahí compartiendo la adrenalina con vos. Nunca me he sentido sólo en el escenario, entonces eso para los actores que somos inseguros y narcisistas como te decía, que la soledad se transforme rápidamente en una sensación de estar acompañado es muy importante.
