Con una actuación visceral y magnética, la actriz deslumbró al público del Teatro Roma en una obra que interpela los mandatos sociales desde la comedia negra y el lirismo feminista. Rivas profundizó en su entrega para encarnar a una "mujer cazadora" en constante supervivencia, reivindicando al teatro no solo como una pieza artística de culto, sino como un refugio de empatía y pensamiento crítico frente a la crisis actual.
Por Agustín Ochoa Ortega. El esperado regreso de "Matate, amor" al Teatro Roma no defraudó. La sala estuvo colmada, expectante por presenciar la intensidad de esta propuesta teatral protagonizada por la consagrada Érica Rivas. Y desde el primer instante, Rivas se adueñó del escenario, ofreciendo una actuación arrolladora que no concedió ni un respiro al público. Desbordante, feroz por momentos, y profundamente comprometida, cada palabra, cada gesto, cada emoción emanaba con una fuerza magnética que capturó la atención de todos los presentes. Se trató, sin duda, de una de esas presencias escénicas que toman la sala por completo.
Al finalizar la función, Érica Rivas gentilmente dedicó unos minutos para conversar con "A Subirse a las Tablas", compartiendo sus impresiones sobre la recepción del público y la experiencia de interpretar esta compleja obra. "La verdad que es algo muy cálido, muy hermoso, muy cerca. Toda la gente muy ahí, muy armando la obra conmigo", expresó con una sonrisa. Agradeció con entusiasmo la presencia del público: "este público fue un público muy gracioso, estaban muy ahí, muy pendientes, entendían muchos chistes, estuvieron muy activos, activas, hermoso, me encantó". Y concluyó con una sentida declaración de amor al teatro: "me encanta el teatro, muy, muy bello".
"Matate, amor", basada en la novela homónima de Ariana Harwicz y adaptada para el teatro por Marilú Marini, Érica Rivas y la propia Harwicz, se sumerge en el turbulento mundo interior de una mujer herida, migrante, atrapada en la aparente calma de un pequeño pueblo rural en la campiña francesa. La obra navega entre la comedia negra y un registro confesional, explorando la tensión entre lo que irrumpe y lo que se contiene. El humor, la inconfundible marca feminista y un lirismo alucinado son los pilares sobre los que se construye esta pieza teatral provocadora. Incluso elementos aparentemente extraños, como la aparición de un ciervo, parecen aportar una efímera sensación de calma en medio del caos existencial.
Profundizando en el mensaje que busca transmitir al público con "Matate, amor", Érica Rivas explicó: "me parece que es importante que podamos romper cosas que pensamos que eran de una manera y que puedan ser otras, otras cosas". Su intención es clara: "Abrir nuestros corazones, abrir nuestras cabezas, pensar en otras maneras de amar, en otras maneras de sentir, en otras maneras de habitar el mundo, siendo mujeres y también acompañando a esas mujeres en momentos tan importantes, también como son los momentos ni bien uno tiene un bebé, eso", profundizó.
El texto describe a una "mujer cazadora" implacable, incluso consigo misma, en su desesperado intento por escapar del vacío. Rivas reflexionó sobre los desafíos que implica interpretar a un personaje que se arroja a lo "sucio" y vive en un constante estado de supervivencia: "Mira, la verdad que no me doy cuenta, me parece que, no sé, muchas veces me pongo a pensar si mi psiqui se entenderá que eso no es real, porque lo vivo con mucha verdad y me gusta vivirlo así porque para eso decidí ser actriz. Entonces, no sé, no es muy distinto a otros trabajos porque siempre es una forma de prestar el cuerpo, la voz, mi historia, mis herramientas al servicio de la historia y de ese personaje". Su compromiso con la verdad escénica es palpable.
Finalmente, Érica Rivas compartió su perspectiva sobre la difícil situación que atraviesa el sector artístico en la actualidad: "Alarmada y por otro lado muy necesario el teatro en este momento, más que antes, mucho más. Cuando hay momentos así el teatro siempre es un lugar, un refugio, un lugar para pensarnos, como te decía antes, para abrir nuestras cabezas, para abrir nuestros corazones también, para generar empatía entre nosotros, todo lo contrario de lo que es la violencia, la agresión, ¿no? Es otra posibilidad". En sus palabras resuena la importancia del teatro como espacio de reflexión, empatía y resistencia en tiempos convulsos. El éxito de "Matate, amor" en el Teatro Roma es una prueba fehaciente de ello.
