Por Agustín Ochoa Ortega. El mítico Teatro Municipal Roma de Avellaneda vibró de emoción con la presentación de la obra "Al fin y a cabo es mi vida", protagonizada por los aclamados Fabio Aste y Silvia Kutica, junto a un talentoso elenco. La puesta en escena no solo deleitó a los presentes, sino que también los invitó a reflexionar sobre un tema de profunda resonancia humana.
En una entrevista exclusiva con A SUBIRSE A LAS TABLAS, la actriz Silvia Kutica, oriunda de Wilde, compartió su alegría de regresar a Avellaneda con esta nueva propuesta teatral. "Es el regreso a casa. ¡Qué trabucada hermosa! Es regresar a los pagos, siempre te da como una cosita, un movimiento, una sensación cálida, una sensación muy especial", expresó con visible emoción. Por su parte, Fabio Aste, un visitante frecuente del teatro, elogió el recinto y la cálida recepción del público: "Es un teatro hermoso que siempre nos recibe muy bien, es muy grato estar. Los camarines, la sala, es maravillosa, tiene una acústica divina, la gente siempre la recibe muy bien. Así que bueno, les traemos algo nuevo ahora, que no han visto".
"Al fin y al cabo es mi vida" es una obra que ha cautivado audiencias en todo el mundo y que ahora brilla en la cartelera porteña. El texto plantea una reflexión profunda sobre uno de los dilemas médicos, éticos y humanos más complejos: el derecho a decidir sobre la propia vida. La trama sigue a Clara, una reconocida escultora que, tras un trágico accidente, queda cuadripléjica. Incapaz de aceptar su nueva realidad, Clara toma la firme decisión de no seguir viviendo y solicita acceder a la eutanasia. Sin embargo, su médico, fiel a su juramento de preservar la vida, se opone rotundamente. A partir de este punto de inflexión, se desata un intenso conflicto legal, ético y moral que interpela al espectador desde el inicio hasta el desenlace, invitándolo a cuestionar sus propias convicciones y a reflexionar sobre el valor de la vida y la autonomía personal. La obra, sin duda, deja una huella imborrable en el corazón y la mente de quienes la presencian.
Sobre el debate ético, Fabio, en la obra se presenta un choque de voluntades sobre quién tiene el control de una vida. ¿Cómo abordaste tu personaje para que no sea visto simplemente como un antagonista?
F.A: Tratando de ponerle corazón, de ponerle no solamente cabeza, sino sentimiento. Es un tipo que se lo ve como muy duro, como muy inflexible y rígido, porque defiende la postura opuesta al personaje de Silvia. Él no está a favor de la quita, digamos, de la vida, o de dar el alta a una persona antes de tiempo, si no está en condiciones, y eso va a implicar la muerte. Pero lo encare no solamente porque es así, porque es ley, porque firmó un juramento hipocrático, sino porque él siente como si le estuvieran matando a un hijo, a un paciente. Es su creación, ella llegó en un estado muy deplorable a nivel físico y logró sacarla adelante, solo que no puede caminar. Ni mover los brazos, ni las piernas, casi nada.
Un pequeño detalle que solo mueve la cabeza, pobrecita. Pero bueno, para él, darle el alta y que ella muera sería un fracaso, no solo profesional, sino personal, y le va el sentimiento personal en eso. Entonces, eso hace que no sea un villano, a pesar de que yo, en mi vida personal, yo estaría a favor del personaje de Silvia. Pero yo empatizo más con lo que le pasa a Clara que con lo que le pasa al Dr. Emerson. A la hora de hacer el Dr. Emerson, le puse como un sentimiento para poder defenderlo, no solo desde un lugar inflexible de razón, sino desde un lugar más personal. Como si a lo mejor, no lo pensé así, pero por ahí en su vida personal tuvo una situación cercana, familiar, que lo hace él ser un médico que lleva esto a las últimas consecuencias, porque por ahí un familiar suyo pudo trascender, no sé. Pero es algo que va más allá de lo ético y lo profesional para él. Como una pulseada personal.
Silvia, ¿cómo trabajaste para hacer este personaje?
S.K: En realidad creo que la obra es tan potente, el texto es tan potente, que te va llevando como solito. Me produce desde la entrada una enorme soledad, una cosa muy indefensa. Y es como que todo eso me va llevando a que la cama y esto de estar postrada, me uno a la cama y ahí como que voy viendo pasar, veo la vida pasar adelante mío y es una sensación muy extraña. Y tengo mucha empatía con el personaje porque toda mi vida pensé en no ser una carga para los demás. Yo creo que a ella le pasa eso, no solamente estar desvalida, sino que no poder disfrutar de las cosas que hacía, le causa mucha impotencia y ese deseo de que la dejen en paz en realidad, es esa sensación, que la dejen tranquila. Esa invasión constante del resto de la gente sobre tu persona que es muy horrible. Y todo eso es lo que voy trabajando, lo que fui trabajando a medida que fuimos ensayando.
Sobre el equilibrio de tonos, la obra navega entre la tragedia y el humor negro: ¿Qué tan complejo es para ustedes como actor encontrar ese ritmo exacto donde el público puede permitirse reír sin que eso le reste peso a la reflexión sobre la dignidad y la libertad?
S.K: Bueno, creo que hay personajes que le dan mucho aire a la obra, que son los enfermeros, que es la monja, esos personajes por sí le dan una frescura que necesita porque si no sería realmente una tragedia, creo que insoportable. Y me parece que el humor también es una manera de transitar a veces situaciones que son horribles y que vos decís de qué me estoy riendo y sin embargo se produce esa risa. Y me parece que eso es lo que le pasa al público y que es esa necesidad también de suavizar, en general, de suavizar esa situación que es tan trágica.
F.A: Coincido plenamente. Viste que la gente a veces se ríe en los velorios. Y aparte mi hermana es médica y vino a ver esta obra y dijo tal cual. Por ejemplo, hay un personaje que es muy estudiante, que es el personaje de Morena Pereira, que es como la enfermera irreverente, que hace todo lo políticamente incorrecto, y que habla fuerte, y que canta, y me dijo, hay de eso y más, me dijo mi hermana. Esos personajes están llenos de hospitales, uno cree que no, pero sí. Así que le pareció que todo lo que nosotros mostrábamos era muy representativo de la realidad y eso está buenísimo.
Sobre el mensaje final. La historia invita a pensar sobre el valor de la vida y la autonomía después de tantas funciones. ¿Ha cambiado en algo su propia percepción sobre lo que significa la dignidad?
F.A: Eso, el tema de la dignidad. Para mí la palabra clave que en un momento dice el personaje de Clara de Silvio es eso, es dignidad. Es la libertad, ¿dónde empieza y termina la libertad del hombre? ¿Por qué el hombre no puede decidir sobre su propio final si realmente las condiciones que le esperan de vida por delante son paupérrimas, no son dignas?
S.K: Sí, lo mismo. Me parece que la gente se lleva a esa reflexión. Es como que creo que nosotros, los seres humanos, no tenemos conciencia que nos va a pasar, nos vamos a morir. Tarde o temprano nos vamos a morir. A lo mejor vamos a tener una muerte tranquila, que es lo que pide mi personaje, una muerte tranquila y digna. A lo mejor vamos a transitar una dificultad enorme y me parece que ahí lo bueno es la posibilidad que el hombre pueda elegir, que también es una cosa que se dice. Es la opción de elegir. Si no, no tenés opción. Podés seguir en coma sin darte cuenta con todos tus seres queridos alrededor dando vueltas y sufriendo y vos ni enterándote y no podés tomar una decisión ahí o tus seres queridos no pueden tomar una decisión. Me parece que sobre eso está hablando.

