En un cruce audaz entre la nostalgia del arrabal y la incertidumbre del presente, la obra “Tita y Eloy” se consolidó como uno de los fenómenos teatrales imperdibles de la temporada porteña. Escrita y protagonizada por la polifacética Julieta Lafonte, la pieza no solo rinde cuentas con la rica historia del tango, sino que propone un ejercicio de realismo mágico que cautivó al público tras sus exitosas presentaciones en el Espacio Espión y el emblemático sitio histórico “La Catedral del Tango”. Ahora, el 1 de mayo al reconocido bodegón peronista "El Descamisado" a las 21, está situado en Fabián Onsari 301, Wilde.
La trama nos sitúa en un punto de quiebre histórico: 1955. Para Tita Merello, el mundo se desmorona. El clima político es asfixiante, su prohibición para actuar es un hecho palpable, su gran amigo Hugo del Carril se encuentra tras las rejas y la dolorosa separación de Luis Sandrini marca el fin de una era personal y profesional. En ese abismo de angustia y desesperación, Tita se duerme con una pregunta existencial que carcome sus entrañas: “¿Qué será del mundo en otro tiempo?”.
El giro dramático, tan inesperado como fascinante, llega con el amanecer. La protagonista despierta abruptamente en el Buenos Aires de 2026, enfrentándose a una ciudad que conserva su esencia melancólica y pasional, pero que se mueve a un ritmo frenético, impulsado por la omnipresente tecnología digital. Bajo una mirada que oscila entre lo cómico y lo trágico, con momentos de humor ácido y otros de profunda reflexión, Lafonte plantea un interrogante que resuena con fuerza en las butacas: ¿Cómo actuaría hoy la Merello? Entre tangos que desgarran el alma, milongas que invitan a la danza desenfrenada y el eco inconfundible de una baldosa floja que invita a ser pisada, la obra reconstruye el arrabal porteño en estos tiempos de hiperconectividad, confrontando el pasado con el presente de una manera conmovedora.
El despliegue escénico de "Tita y Eloy" se completa y enriquece con las sólidas actuaciones de Leandro Matias De Mestico y Juana Villasenin, quienes aportan la solidez actoral necesaria para que el viaje temporal propuesto por la obra sea no sólo verosímil, sino también profundamente emocionante. De Mestico y Villasenin no se limitan a acompañar la imponente figura de Tita, sino que construyen los contrapuntos esenciales para que el humor y la tragedia se equilibren magistralmente en una danza perfecta de diálogos filosos como cuchillos y una gestualidad inconfundiblemente porteña. "Tita y Eloy" representa el amor y la solidaridad porque es una obra que está dirigida por todos los que integran el elenco.
Julieta Lafonte: El Puente Entre las Raíces y el Escenario
La labor de Julieta Lafonte trasciende con creces la mera interpretación actoral. Como autora y directora, ha logrado capturar el ADN de Tita —esa mezcla inconfundible de rudeza callejera, vulnerabilidad a flor de piel y sabiduría popular adquirida a través de la experiencia— para ponerlo en diálogo directo y provocador con la compleja realidad actual. Para Lafonte, este proyecto es profundamente personal, un viaje íntimo a las raíces de su identidad: es un regreso a sus antepasados y un sentido tributo a sus abuelos, quienes le legaron la pasión inquebrantable por el 2x4, el ritmo que late en el corazón de Buenos Aires.
Su dirección es meticulosa y detallista, logrando que el perfume embriagador de la rosa y el jazmín atraviese la cuarta pared, inundando la sala y recordándonos que, aunque los calendarios cambien implacablemente, las pasiones humanas, en su esencia más pura, permanecen inalterables a través del tiempo.
El Tango como Resistencia Cultural Ante el Olvido
“Tita y Eloy” es, en última instancia, una poderosa pieza de resistencia cultural. En un mundo contemporáneo que olvida a una velocidad vertiginosa, la obra de Lafonte recupera con fuerza la vigencia de una mujer que fue pionera en su tiempo, una voz valiente que se atrevió a decir lo que otros callaban por temor o conveniencia. La obra nos invita a reflexionar profundamente sobre la identidad individual y colectiva, sobre el implacable paso del tiempo y sobre la permanencia indeleble del mito, encarnado en la figura de Tita Merello. Es una cita obligada e ineludible para todos aquellos que deseen reencontrarse con la esencia más auténtica de Buenos Aires, bajo el amparo de una interpretación actoral que respeta el legado del pasado mientras desafía audazmente los inciertos designios del futuro.
