Por Agustín Ochoa Ortega. El Cementerio de Avellaneda, con sus 150 años de historia, trasciende la mera función de camposanto para erigirse como un verdadero archivo de piedra. Entre sus panteones, monumentos y sepulturas, resguarda los relatos silenciados de aquellos que construyeron y habitaron la ciudad. En un valioso esfuerzo por rescatar este patrimonio, el profesor e investigador Agustín Eduardo Wieckiewicz presentó su cuarto libro, “Historia e Historias del Cementerio de Avellaneda”, una obra que invita a redescubrir este espacio desde una perspectiva histórica y cultural.
Wieckiewicz, en la introducción de su libro, plantea una reflexión profunda sobre la percepción actual del cementerio: “Recorrer el cementerio es recorrer nuestro devenir. El tema es que los prejuicios y la decadencia del culto funerario que motivó su existencia; lo han transformado en un lugar poco transitado. Abandono, vandalismo, desidia; son términos que suelen acompañar las opiniones de muchos vecinos…”. Esta observación inicial sirve como punto de partida para una investigación que busca revertir esta imagen y revelar la riqueza histórica que se esconde tras los muros del cementerio.
En una entrevista exclusiva con A SUBIRSE A LAS TABLAS, el profesor Wieckiewicz profundizó sobre las múltiples dimensiones que abarca la historia de un cementerio: “me parece que la historia de un cementerio te permite linkear con cuestiones como la evolución de la política sanitaria, la evolución poblacional, lo arquitectónico, o sea, cómo va evolucionando la arquitectura dentro de un lugar, la historia de la arquitectura y eso sin desconocer la presencia de personalidades importantes dentro del cementerio”. Así, el cementerio se convierte en un espejo que refleja la evolución de la sociedad, sus cambios demográficos, sus avances médicos y sus transformaciones arquitectónicas.
La motivación inicial de Wieckiewicz para adentrarse en los pabellones del cementerio fue su fascinación por las necrópolis. El proyecto cobró impulso durante la pandemia, cuando la investigación se vio inicialmente limitada a fuentes online. “Primero empecé a buscar información de internet, justo era el momento de la pandemia y era bastante difícil por ahí acceder a otro tipo de cuestiones y empecé a contactar de a poco con gente que me ayudó a ir recopilando información. Fíjate que no es un tema del que haya algo escrito previamente, entonces había que tratar de ver si las personas tenían algo”, relató. La escasez de material previo sobre el tema convirtió la investigación en un desafío aún mayor.
Para superar esta dificultad, Wieckiewicz adoptó una metodología exhaustiva que combinó la investigación de archivos con el trabajo de campo. “Ahí empecé a trabajar metódicamente con la idea de caminar todas las secciones y todas las divisiones y todos los pasillos del cementerio, anotando todo aquello que a mí me resultase de interés. Eso le dio al trabajo, digamos, no solamente una cuestión que tiene que ver con búsqueda de archivos, sino también de trabajo de campo. Y eso me deparó varias sorpresas que no hubiese encontrado de ninguna otra manera, como por ejemplo encontrar al motorman de la tragedia del Puente Bosch en un panteón”, explicó. Este enfoque permitió descubrir detalles y conexiones inesperadas, revelando historias que de otra manera habrían permanecido ocultas.
Pero el libro de Agustín Wieckiewicz va más allá de la mera historia del cementerio. Su principal valor reside en el rescate de figuras casi olvidadas por el paso del tiempo. Tal como él mismo señala en la introducción: “…también nos vamos a acercar a algunas de las personas que allí descansan, cuyas vidas guardan detalles interesantes… Preferí dedicarme con mayor rigor a los menos conocidos, a sabiendas que figuras como Alberto Barceló, Julio Grondona, Herminio Iglesias o José Luis Cabezas, han sido estudiados por otros autores de mejor manera…”. Esta declaración de intenciones revela un compromiso con la recuperación de las voces silenciadas, con la revalorización de aquellos individuos que, a pesar de no haber alcanzado la fama, dejaron una huella imborrable en la historia local.
Un ejemplo paradigmático de este rescate histórico es la historia de Melina Vita de Guardabascio, campeona de esgrima italiana que se radicó en Avellaneda en 1924 y falleció allí en 1974. Guardabascio Vita fue una pionera que, a través de su promoción de la esgrima femenina, desafió los roles de género tradicionales y expandió los horizontes femeninos en la sociedad a la que emigró. Como señaló Wieckiewicz, "fue una especie de trending topic en los periódicos de la época porque hizo mucho revuelo una mujer que practicaba la esgrima”. Su historia, relegada al olvido tras su fallecimiento, es recuperada por el autor, quien actualmente trabaja en un libro dedicado exclusivamente a su vida. "Enseñó esgrima en Racing y bueno, tiene una historia muy interesante. Esas historias son las que a mí me llaman la atención”, afirmó Wieckiewicz, subrayando su interés por aquellas narrativas que desafían las convenciones y revelan la riqueza y complejidad de la experiencia humana.
“Historia e Historias del Cementerio de Avellaneda” es, en definitiva, una invitación a redescubrir un espacio cargado de significado. Es un llamado a honrar la memoria de aquellos que nos precedieron, a reflexionar sobre el paso del tiempo y a valorar el patrimonio histórico y cultural que nos rodea. La obra de Agustín Eduardo Wieckiewicz se presenta como una herramienta fundamental para comprender el presente a través del estudio del pasado, transformando el Cementerio de Avellaneda en un libro abierto que revela, en cada página de piedra, las historias que dan forma a nuestra identidad.
Un héroe del ascenso en el pabellón de Oyuela
A veces, el destino teje hilos invisibles que conectan vidas y experiencias de maneras inesperadas. Agustín Eduardo Wieckiewicz, un investigador apasionado por la historia del Cementerio Municipal de Avellaneda, jamás imaginó que su búsqueda lo llevaría a encontrarse con una figura destacada del fútbol argentino, un hombre que compartió momentos con el mismísimo Diego Armando Maradona: Miguel Ángel “Ruso” Molnar. Durante 44 años, Molnar le dedica su vida al cuidado y mantenimiento de este camposanto, un lugar donde el pasado y el presente convergen de forma singular.
En la introducción de su libro “Molnar: héroe del ascenso, héroe de la vida”, publicado en 2024 para celebrar el 70 aniversario de Molnar, Wieckiewicz relató el curioso encuentro que dio origen a esta obra. "Conocí a Miguel Ángel Molnar de manera casual (o no), una mañana de julio de 2023. Me encontraba realizando un trabajo de campo en el Cementerio de Avellaneda (...) Molnar me saludó amablemente, y tengo que reconocer que, para ese momento, yo ya me había olvidado de Las Lloronas; de Castagnino; de Colmeiro; de Álvarez… Ahora quería saber quién era el ex futbolista que trabajaba en el Cementerio de Avellaneda (...)". Previamente, Claudio, un empleado municipal, le había revelado a Wieckiewicz que Molnar había jugado con Maradona, una información que, en palabras del investigador, le "movió la estantería".
En una entrevista con A SUBIRSE A LAS TABLAS, Wieckiewicz profundizó en la anécdota de aquel día: "Una mañana de invierno, yo fui con mi hermana y estaba buscando, en el pabellón de Oyuela, construido por Mario Roberto Álvarez, el arquitecto que justo hizo acá el edificio donde está el Piave; quería ver si había algún tipo de placa o algo, para saber la fecha de la construcción, básicamente. Y entonces me dice uno que trabajaba por ahí, un municipal: 'Escúchame, acá hay un cuidador del área, Molnar se llama, anda a preguntarle a él, por ahí sabe algo'. Y me dice: 'Mirá que fue un futbolista famoso, jugó con Maradona'. Y ahí empecé a prestar un poquito, ¿cómo que jugó con Maradona?".
Este encuentro fortuito abrió un nuevo camino en la investigación de Wieckiewicz. Lo que comenzó como un estudio sobre la arquitectura y la historia del cementerio se transformó en un homenaje a la vida de un hombre que, a pesar de su pasado futbolístico, encontró su lugar en el mundo cuidando el descanso eterno de otros. “Viste cuando decís voy al cementerio y a ver qué encuentro. Uno espera encontrarse con algo que tiene que ver con la información de un panteón. Nunca me hubiese imaginado que había una persona trabajando con ese pasado y con ese presente. Porque, a ver, el ruso es pasado futbolístico y también es presente en Corina. La gente lo ama por su militancia, por su solidaridad y bueno, tiene que ver un poco con eso. Con esa conexión, esa idea de decir a este personaje hay que rescatarlo. Yo la verdad que no digo rescatar el olvido porque me parece que no es un tipo olvidado. En su lugar en el mundo la gente lo conoce un montón y en Avellaneda también”, afirmó Wieckiewicz.
La historia de Miguel Ángel "Ruso" Molnar, quien brilló en Arsenal de Sarandí, Talleres de Remedios de Escalada y El Porvenir, es un testimonio de cómo el destino puede sorprendernos con encuentros inesperados y cómo la vida puede llevarnos por caminos diversos, pero siempre llenos de significado. Es una historia de fútbol, de humildad, de compromiso y de amor por su comunidad.
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