Por Agustín Ochoa Ortega. En el corazón de la escena teatral porteña, el mítico Teatro Picadilly abre sus puertas cada lunes a las 20:30 para dar vida a "Células Muertas", una obra que no solo cautiva por su elenco estelar, sino que interpela al espectador con una profunda reflexión sobre la existencia, la política y la búsqueda de sentido en la adultez. Protagonizada por los experimentados Fabio Asté, María Ángela Rodríguez y Sergio Surraco, esta pieza teatral se ha convertido en un éxito que resuena en la audiencia, explorando las complejidades de la vida contemporánea a través de un relato íntimo y conmovedor.
La obra se adentra en la historia de Felipe, un hombre jubilado de clase media cuya juventud estuvo marcada por el fervor de la militancia popular. Sin embargo, la llegada al poder, por vía democrática, de un gobierno diametralmente opuesto a sus ideales políticos, lo sumerge en una espiral de miedos y desilusiones. "Es un adulto mayor que está pasando por una parte de su vida bastante compleja, donde se siente un poco abatido, sin utopías, y bueno, es una obra que habla mucho de nosotros y nuestra actualidad también", comentó Sergio Surraco, revelando la esencia de un personaje que encarna las inquietudes de una generación, en conversación en exclusiva con "A SUBIRSE A LAS TABLAS".
Fabio Asté, coincidiendo con su compañero de tablas, subrayó la naturaleza política, pero no partidista, de "Células Muertas": "Más allá de que no es una obra partidista, es una obra política que habla de un estado de cosas, y de lo que le pasa a este tipo con esas cosas. Que es un tipo que está jubilado, que no encuentra sentido en la vida. Me parece que alrededor de eso gira la obra, de volver a recuperar sentido". Esta búsqueda de propósito en una etapa de la vida donde las utopías parecen desvanecerse es el motor que impulsa la trama. Asté también destaca la relevancia del personaje interpretado por Sergio Surraco, quien "aparece... para brindar un poco de luz, supuestamente, en esa realidad. Hay que ver si realmente la luz es real o no, o es realmente luminosa o no, o es un espejismo". Esta dualidad entre la esperanza y la ilusión añade una capa de complejidad a la narrativa, invitando al público a cuestionar las soluciones que se presentan en la vida.
A medida que avanza la obra, Felipe se ve inmerso en una demolición psicológica, temiendo perderlo todo. Esta vulnerabilidad lo lleva a contactar a un misterioso representante de una ONG que le ofrece un método para desafiar el envejecimiento. A partir de este encuentro, la realidad y las pesadillas de Felipe se entrelazan, y sus antiguos adversarios resurgen bajo nuevas formas. "Tiene que ver con volver a confiar en los sueños, en las utopías, en que algo es posible, que hay algo hacia adelante", enfatizó Fabio Asté, señalando la lucha interna de Felipe por recuperar la fe en el futuro. El personaje de Vértiz, el emisario de la ONG, se presenta como una posible solución a los dilemas de Felipe, aunque, como bien apuntó Asté, "después hay que ver si esa solución realmente vale la pena o no".
Sergio Surraco profundizó aún más en la esencia del personaje de Felipe, trascendiendo las implicaciones políticas y generacionales para abordar la experiencia humana en su totalidad. "Le agregaría algo que tiene que ver con el hombre, con la persona. Más allá de lo que es verdad que son las dos cosas, le agregaría algo más del sentirse del hombre que ya grande, empieza a sentir que la vida se le pasó y que no se encuentra con él, con su mujer. Más allá no es volver a ser joven, es volver a sentirse bien", explicó Surraco. Esta perspectiva revela que la búsqueda de Felipe no es meramente un deseo de juventud, sino una profunda necesidad de reconectar consigo mismo y con su entorno, de encontrar una sensación de bienestar y plenitud en la etapa final de su vida.
Como actores, ¿cómo se trabaja desde la puesta en escena y la interpretación ese límite tan difuso entre lo real y lo alucinatorio para que el público comparta esa misma opresión y confusión psicológica?
S.S: en principio creer en la propuesta, creer en la apuesta, creer en lo que el director propone. Nosotros hacerlo carne, vivo, para que de alguna manera tenga la suficiente verdad para que sea creíble mientras sucede. Y hay un juego ahí que, si bien lo dice la pregunta, yo no quiero contar mucho porque es parte del clic de la obra. Es jugar, es jugar con eso, es jugar con la manipulación que tiene el personaje, con ver los estados anímicos que el personaje de Fabio transita durante esa charla, ese encuentro, y todo el devenir de lo que va sucediendo por los estímulos que este personaje de Vertiz va metiendo en la persona.
F.A: En realidad, digamos, para mi personaje el cuento está absolutamente verosímil. Sea real, no sea real, es real para él. O sea, él cree en eso y está interactuando ahí con eso que sucede. Así que después se verá qué grado de realidad o no tiene lo que está sucediendo en el escenario.
¿Cómo se construye el vínculo entre Felipe y este misterioso representante de la ONG?
S.S: Es como un alter ego. Tenemos que hablar de que es todo lo contrario de lo que él sería, de alguna manera, de lo que sería Felipe. La construcción está desde ese lugar, de una persona completamente distinta, con una propuesta que, si bien viene a proponer algo hacia él, viene con algo distinto para cambiarlo. Así que la construcción del personaje básicamente es todo lo contrario de lo que es Felipe. En la búsqueda, no solamente en el pensamiento, en la psicología, sino en el comportamiento y en la forma en que se expresa.
¿Hay un juego de manipulación psicológica mutua o vemos a un hombre completamente entregado al cinismo de un sistema que se aprovecha de su fragilidad?
F.A: El personaje que aparece, el personaje de Vertiz, sí, claro que lo manipula. Son las dos cosas. Hay una manipulación de parte del personaje de Vertiz y este tipo es víctima del momento que le toca vivir. Y, bueno, lo vive así. O sea, hay otra gente que lo vive de otra manera. Y lo más importante, como decía Sergio, es el hombre y el ser humano que no le encuentra rumbo a su existencia. De eso trata la obra.
¿Consideran que la pérdida de certezas políticas puede empujar a una persona de clase media hacia una demolición psicológica tan extrema o la obra lo lleva hacia una metáfora más universal sobre el miedo al olvido?
S.S: Sí. Mi padre falleció deprimidísimo cuando ganó un candidato que no quería que ganara. Se deprimió y eso lo fue llevando a algo que terminó bajoneándolo. Obviamente se agravó su problema que no sabíamos que tenía, su salud, pero falleció deprimido por el movimiento.
Y eso les pasa a muchas personas que tienen una ideología muy fuerte, que creen en algo muy fuerte, y que, si sucede algo con lo que ellos combaten toda la vida, no están de acuerdo con eso, y sucede lo que ellos, de alguna manera, creen que es lo peor que puede pasar, el bajón anímico es tal que puede llegar, inclusive, hasta a morir, como le pasa a este personaje.
F.A: Aparte lo invade el miedo, no sé si es la falta de certeza política. Sí, pero es también lo que vive producto de ese gobierno o de ese contexto social, político y económico en el que se encuentra.
"Células Muertas" se erige, entonces, como un espejo de la sociedad actual, una obra que, a través de la historia de Felipe, nos invita a reflexionar sobre la política, la vejez, las utopías perdidas y la incansable búsqueda de sentido. Con actuaciones magistrales y un guion que cala honda, esta pieza teatral no solo entretiene, sino que provoca, conmueve y deja una huella duradera en el alma de cada espectador. Es una cita ineludible para quienes buscan un teatro que dialogue con la realidad, que cuestione y que, en última instancia, celebre la complejidad de ser humano.

