Por Agustín Ochoa. El Coro Polifónico Nacional le rindió el miércoles 4 de mayo un emotivo y sentido homenaje a la maravillosa cantautora y compositora argentina María Elena Walsh, en el bello Teatro Municipal Roma de Avellaneda. “Era un concierto gestado esperando el reencuentro con el público y del coro con sus integrantes”, señaló el reconocido músico lomense “Popi” Spatocco.
Dicho concierto fue dirigido por el Director Mtro. Antonio Domenighini y acompañado por Gustavo Popi Spatocco en piano y arreglos, Ricardo Cánepa en Contrabajo y Matías Furió en percusión. Mientras como solistas Renata Schneider (Soprano),Alicia Alduncín (Contralto), Gabriela Fabre (Contralto) , Milagros Seijó (Contralto) , Lucas Werenkraut (Tenor) , Martín Caltabiano (Barítono).
El Coro Polifónico Nacional interpretó las siguientes canciones: “Serenata para la tierra de uno”; “Barco quieto”; “Sábana y mantel”; “Sin señal de adiós”; “Las estatuas”; “El señor Juan Sebastián”; “Réquiem de madre”; “Endecha española”; “Balada de Comodus Viscach”; “Canción de caminantes”; “La paciencia pobrecita”; y “Como la Cigarra”.
“El repertorio para adultos es tan importante como el de los niños. Son canciones muy valiosas y tienen esa impronta de su sensibilidad y calidad poética. También, elegimos esas canciones que mejor iban a la sonoridad del coro”, reflexionó “Popi” Spatocco en conversación exclusiva con A SUBIRSE A LAS TABLAS.
¿Cuán importante fue y sigue siendo la figura de María Elena Walsh para la cultura popular?
María Elena es de esas figuras que tienen el destino de clásico porque salen plasmadas como el espíritu del pueblo en el que viven y por otro lado son capaces de trascenderlo y ayudarlo a crecer. Pienso que estuvo adelantada como cien años por su forma de concebir a la sociedad, la perspectiva de género cuando esa idea no existía, ella no solo la imaginó y pensó, sino que la vivió. Ella vivió con mucha coherencia, inteligencia y mucha libertad en un momento donde era algo muy costoso, Me parece que la calidad de su obra hizo trascender todo eso. María Elena, antes que todo, fue una poeta y artista que hizo de la libertad e inteligencia su bandera, su esencia.
Además supo cómo llegar a todos nosotros, a veces la alta cultura se viste de exclusividad, pero María Elena es tremendamente popular y de mucha calidad. Esa falsa dicotomía entre lo popular y la calidad ella lo pudo evidenciar. Entonces nuestros niños cantan “Canción para bañar la luna”, que es una poesía hermosa, no solamente la disfrutan, sino que la entienden. Ese es el gran legado de María Elena, podemos ser enormemente populares, pero también tener la calidad artística más grande y la gente lo recibe así.
Para un arreglador las canciones de María Elena son un edén porque son tan hermosas, profundas, verdaderas, resuenan tanto en la gente. Es un repertorio muy hermoso. Estuve mucho tiempo trabajando con Mercedes Sosa que era muy amiga de María Elena y cercana en lo estético. Son esas personalidades que son nuestras; nos representan y nos dan orgullo.
¿Qué opinión tiene acerca de la decisión política y cultural que tiene el gobierno municipal en cuanto a acercar la figura de María Elena Walsh a sus vecinos?
Eso es muy evidente y claro. Me parece que es un gran acierto. Está ese pensamiento de que los grandes artistas no pueden ser tus vecinos y esa es una forma de pensar que es como decir “si está cerca mío no puede ser groso, significa que yo no puedo ser groso”, o sea, cuando los pueblos están orgullosos de sus artistas, están orgullosos de sí mismos.
Cuando en un lugar están tan orgullosos de sus artistas y de su arte, es porque están orgullosos de lo que son. Eso no significa no ver los errores ni los problemas, pero sí significa saber que lo que somos sí tiene valor y eso es muy necesario para construir y saber. Las cosas son muy diferentes cuando sabemos lo que valemos; lo que nos merecemos; que fuimos porque si nosotros vemos para atrás el acervo cultural argentino es enorme; riquísimo y maravilloso.
Tenemos un país con una cultura enorme y valiosa. Eso somos nosotros, que no nos digan que no somos eso porque si dicen que no somos eso, es como que no somos nada y yo siento que sí porque somos de un país del que podemos estar muy orgullosos de lo que somos.
¿Qué representa para vos tocar en el Teatro Roma de Avellaneda?
El teatro es una maravilla. Los músicos, que a veces tocamos con instrumentos sin amplificaciones, decimos que el teatro suena porque el teatro ayuda a que la música se escuche mejor; amplifica la música del escenario. El Teatro Roma suena maravillosamente bien.
Por el otro lado, lo han puesto hermoso, está con todas las comodidades; el equipo técnico trabaja impecablemente bien; toda la gente de cultura trabaja con un sentido de pertenencia. He estado trabajando en la orquesta, que tiene ese orgullo de querer hacer y el orgullo de ser, pero eso no se compra; no se vende; está o no; se genera o no; y me parece muy valioso porque al final de todo eso en el concierto se escucha.
Estoy muy contento de trabajar regularmente en Avellaneda. Tenemos planes para hacer varias cosas durante el año. No me resulta para nada ajena la zona sur. Sé de qué se trata y soy orgullosamente de la zona sur.
¿Qué recuerdos tiene de su primera presentación?
Mi primera presentación pública fue cuando tenía 11 años, pero eran esas audiciones de piano que hacía la maestra. Después con grupos de mi adolescencia que tocábamos en los boliches de Lomas de Zamora. Pero hay algo que se mantiene igual que es el deseo de la música, al final como si fuera que el combustible que a uno lo mueve es ese y no uno mismo. Capaz que después se complejiza todo, hay más responsabilidades, no es lo mismo dirigir a una orquesta que estar solo con tus amigos en un grupo, pero, sin embargo, hay que preservar ese primer fuego porque eso es lo que a uno lo hace caminar o hace que las cosas vayan para adelante. El deseo del amor por la música y ahí uno termina siendo un niño, como que algo siempre te maravilla. Estudias, creces, pero siempre la música está en un punto que te maravilla, te sorprende.
¿Qué enseñanzas te dejó haber trabajado 22 años con Mercedes Sosa?
Millones. 22 años estuve con ella. Lo vivo como una gran fortuna haber compartido con ella tanta vida y música porque Mercedes fue una artista de un calibre extraordinario. Tenía un talento tan enorme y natural. Era muy culta. Había leído mucho. Pero su saber pasaba por algo mucho más intuitivo, casi mágico, fuera de su control mismo. Mercedes era casi muy sobrenatural en la música y en la vida también. Tenía una intuición enorme, una empatía.
La extraño mucho porque la quiero mucho y Mercedes fue una persona súper importante para mí. Siento que nos ha dejado el piso firme. Figuras como Gardel, Troilo, Piazzola, Atahualpa te dicen yo viví y te dejo esta baldosa para que te pares aquí porque vas a estar bien. Cuando no sabes dónde está el mundo, pero si vos sabes por dónde fueron esas personas es por ahí. Son referentes. Son banderas. Son cosas de las que podemos estar orgullosos. Entonces me parece que en ese recuerdo, ahí nos afirmamos porque sabemos que fue; es y seguirá siendo ahí por donde tenemos que ir.
Breve reflexión sobre el lugar que ocupa la música en su vida.
Son como sinónimos. Obviamente tengo a mi familia, donde mi hijo también es músico y mi esposa es actriz y directora de teatro; entonces tenemos una idea de la cultura que nos impregna mucho. Pero la música es prácticamente el aire que respiro. Tengo la fortuna de haber elegido esta profesión y de que la vida haya sido muy generosa conmigo.
