Por Agustín Ochoa Ortega. El cine argentino se enorgullece de contar entre sus figuras más insignes a Leonardo Favio, un artista que, a lo largo de 74 años, tejió una de las carreras más destacadas de nuestra cultura nacional. En conmemoración del 88º aniversario de su natalicio, el Centro de Experimentación Audiovisual (CEA) de Avellaneda rindió un emotivo homenaje al maestro, proyectando su icónica película "Gatica, el mono" en la sala "Fernando Pino Solanas" ante una audiencia conmovida. La velada contó con la presencia de parte del equipo de producción del film, añadiendo un toque de nostalgia y cercanía a la celebración.
Entre los asistentes, Claudio Sambi, quien fungió como "pizarrero" en la producción de "Gatica, el mono" en 1993, compartió sus vívidos recuerdos de Leonardo Favio, en conversación en exclusiva con "A Subirse a las Tablas". Con una emoción palpable, Sambi expresó: "El recuerdo, hoy a la distancia, es haber laburado con un genio como Leonardo Favio, un artista, un verdadero artista, y al ser mi primera película, porque ya arranqué, pensé que el cine era así, que estaba lleno de artistas, pero no. Con el tiempo me di cuenta de que la talla de Leonardo Favio fue una diferencia enorme". Estas palabras resuenan con la admiración que muchos sentían por Favio, un director cuya visión trascendía lo convencional.
Sambi continuó elogiando la maestría de Favio como director, destacando su habilidad para conectar con el público: "Construyó una obra enorme, nos dejó un legado a todos los que amamos el cine, como una enseñanza de lo que es hacer un cine que le llegue a la gente. Un cine popular, pero con una encarnadura, con un vuelo artístico increíble". Favio poseía el don de crear obras accesibles y profundamente artísticas a la vez, un equilibrio que pocos logran alcanzar.
Cuando Claudio Sambi se unió al equipo de Favio, apenas tenía 23 años. Su experiencia en el set de "Gatica, el mono" fue, según sus propias palabras, "como si estuviera en un circo". "No, no era cine lo que hacíamos, era un circo. Un circo manejado desde un lugar, como te decía, de un gran artista, y donde los leones, el elefante, o el malabarista, o el lanzallamas, o el hombre bala, aparecían todo el tiempo, todo el tiempo. Era uno de nosotros", describió Sambi, pintando un cuadro vívido de un ambiente de trabajo donde la magia y la creatividad fluían libremente, bajo la batuta de un director que era uno más del equipo.
"Gatica, el mono", estrenada en 1993, narra la vida, el ascenso y el trágico ocaso de José María Gatica, uno de los boxeadores más emblemáticos del deporte argentino. A 33 años de su lanzamiento, la película se ha consolidado como un clásico del cine nacional, manteniendo intacto su poder de atracción. Sambi explicó la perdurable relevancia del film: "Por un lado todo técnicamente, que tiene que ver con la actuación, el guion, la fotografía, el vestuario, la época y el riesgo que asumía Leonardo Fabio como director. Todo eso es lo que le hace una obra de arte. Y a su vez, él marca una historia a través de Gatica, de un boxeador popular, que es lo primero que vas a ver, pero por el fondo está marcando la historia de un país. En ese momento la historia del peronismo. Pensá que cuando Gatica empieza a crecer, aparece el peronismo. Cuando la decadencia de Gatica cae el peronismo, con los bombardeos". La película, más allá de la biografía de un boxeador, es un espejo de la historia política y social de Argentina.
La vigencia de "Gatica, el mono" radica en su profunda conexión con la identidad argentina. "Llega, porque es la historia nuestra. Entonces, es una historia argentina, es una historia nuestra, que nos hace hacerla un clásico. Porque parte de eso, según la edad que tengamos, o nuestros viejos, nuestros abuelos, o parte de nosotros también la vivimos. Y hemos vivido estas decadencias y estas glorias también", reflexionó Claudio Sambi. La película trasciende generaciones, evocando recuerdos y emociones colectivas.
Además de su rol como pizarrero, Claudio Sambi realizó una contribución artística singular y profundamente personal a la película: el puesto de diario de madera de su padre. Emplazado originalmente en la esquina de Avenida Mitre y Cadorna (hoy Fabián Onsari), en Wilde, este puesto de diarios puede verse en los primeros planos del film, junto a un tren. Sambi recordó con emoción: "Ese puesto de diario, que fue el primer puesto de diario de mi papá. Nosotros tuvimos un puesto de diario muchísimos años. Y mi hijo lo guardo. Y cuando entró la película, Leonardo dice, che, quiero un puesto de diario. Y le dije, yo tengo uno de la época. Y cuando se lo mostré, le encantó. Y para mí, que recién empezaba, imagínate que Leonardo Favio lo tenía ya como un ídolo, haberle ofrecido algo tan personal y que lo haya puesto casi en un primer plano, en la escena inicial, al lado del tren". Este detalle, aparentemente pequeño, subraya la autenticidad y el cariño con el que Favio construía sus mundos cinematográficos, y la profunda conexión que establecía con su equipo.
El legado de Leonardo Favio, a través de obras como "Gatica, el mono", continúa inspirando y conmoviendo, demostrando que el cine puede ser un reflejo de nuestra historia, nuestras pasiones y nuestra identidad. Su arte, un "circo" de creatividad y emoción, sigue siendo un faro en el panorama cultural argentino.
