Por Agustín Ochoa Ortega. Serú Girán, un nombre que resuena con una mística particular en los anales del rock nacional argentino, fue mucho más que una banda. Fue un fenómeno cultural, una amalgama de talentos que trascendió la mera creación musical para erigirse como un faro de introspección y reflexión sobre el ser interior. Sus letras, intrincadas y profundas, invitaban a un viaje personal, un diálogo silente entre el oyente y su propia alma, dejando una huella imborrable en la psique colectiva de una nación.
La disolución de Serú Girán, lejos de mermar su influencia, la catapultó a un estatus casi legendario. Periodistas e investigadores se dedicaron a desentrañar el legado de Charly García, Pedro Aznar, David Lebón y Óscar Moro, buscando comprender la alquimia que los unió y el impacto que generaron. Sin embargo, una misión se antojaba casi titánica: reunir a los "cuatro fantásticos" nuevamente. Una tarea que parecía reservada para los sueños más audaces, pero que, contra todo pronóstico, fue materializada por la audacia y perseverancia de dos jóvenes estudiantes de periodismo, Luciano di Vito y Fernando González.
En un testimonio revelador extraído del capítulo "Salir de la melancolía" de su libro "La entrevista imposible: una tarde con Serú Girán", Luciano di Vito nos transporta a los albores de esta aventura. Con una franqueza que desarma, confiesa: "Queríamos hacer una entrevista que nadie hubiera hecho, algo que nos sirviese para entrar a la radio y hacer nuestros programas. No nos importaba cuanto podríamos tardar. Teníamos tiempo, ganas y la idea fija." Esta declaración encapsula la esencia de la juventud, la ambición desmedida y la convicción inquebrantable en un propósito.
La gestación de esta idea se remonta a octubre de 1987, en el emblemático bar La Giralda. Allí, un cuaderno se convirtió en el depositario de sus sueños, una bitácora donde se delineaban los primeros trazos de lo que parecía una utopía. Sabían que Charly residía en el barrio, que Lebón dirigía TMA (Taller de Música y Arte), cuya dirección obtuvieron de un aviso en la revista Cantarock. El resto era un mar de incógnitas, con la certeza de que habían transcurrido más de cinco años desde las últimas presentaciones del grupo, y el disco en vivo que surgió de ellas, en realidad, distaba de serlo.
En una conversación exclusiva con "A SUBIRSE A LAS TABLAS", Luciano di Vito profundizó sobre las motivaciones que impulsaron esta gesta. "Me motivó la idea de estar cerca de ellos primero, de conocerlos, que eran, parecían inalcanzables," explicó. "También había una idea de eso, cuanto más inalcanzables mejor, era el desafío también de un periodista, o de alguien que quería ser periodista, y eso fue muy bueno para poder acercarlos." La admiración, el desafío y el anhelo de trascender el rol de mero espectador fueron los catalizadores de este proyecto.
La misión, sin embargo, no fue exenta de obstáculos. La localización de Óscar Moro, el baterista, se convirtió en el punto álgido de esta odisea. Tras varios intentos, la persistencia de di Vito y González rindió sus frutos. El 9 de marzo de 1988, el anhelo se materializó, culminando en un encuentro que quedaría grabado en la memoria del rock nacional. La entrevista resultante, un documento histórico, fue transmitida en la emisión número 100 del programa "Maratón" de Ari Paluch por Rock & Pop.
A pesar de la magnitud de su logro, el camino hacia la publicación de su libro, "La entrevista imposible: una tarde con Serú Girán", fue largo y tortuoso. Casi 40 años tuvieron que transcurrir para que el trabajo de estos jóvenes periodistas viera la luz. Di Vito, con un matiz de lamento, reflexionó sobre esta dilatada espera: "El golpe fue de posterior, cuando hicimos la nota no nos creyó nadie y pasaron casi 40 años para poder sacarle el libro, pero nunca hay que decaer, te puede ir bien, te puede ir mal, pero también te puede levantar." Una lección de resiliencia y fe en el propio trabajo que trasciende el ámbito periodístico.
La Acidez Genial de Charly García: Una Anécdota Reveladora
La personalidad de Charly García, un torbellino de genialidad y acidez se manifestó en un sinfín de anécdotas. Luciano di Vito compartió una que ilustra a la perfección el ingenio del músico. "Cuando yo era muy joven, y le pregunto a Charly, Charly tenía una costumbre que te contestaba primero con un chiste, y después te respondía de verdad," relató di Vito. "Entonces yo le pregunto a Charly, Charly, ¿qué te faltó hacer con Serú Girán? Y él me dice, cerámica. Y después me contestaba, pero yo me sentí re mal cuando me dijo cerámica. Pero bueno, después me contestó y me dijo, no te enojes, esas cosas."
Este intercambio encapsula la esencia de Charly: la irreverencia, la sorpresa, y, finalmente, la profundidad. La "cerámica" como respuesta inicial, un desvío hilarante, pero que, al mismo tiempo, dejaba entrever la naturaleza lúdica y a veces desconcertante del artista. Luego, la explicación, el reconocimiento de la pregunta seria detrás del chiste, y la condescendencia de un genio que sabía cómo mantener a raya la solemnidad.
La historia de "La entrevista imposible" es más que el relato de un encuentro. Es un testimonio de la perseverancia, la pasión por el periodismo y la búsqueda incansable de la verdad y la historia. Es un recordatorio de que, a veces, los sueños más ambiciosos son los que, contra todo pronóstico, se hacen realidad, dejando un legado que perdura a través del tiempo, como la música eterna de Serú Girán.
