Por Agustín Ochoa Ortega. En el corazón de Avellaneda, el emblemático Teatro Municipal Roma fue testigo de una noche de teatro que quedará grabada en la memoria colectiva. "No tiene un desgarrón", una adaptación magistral de "La Plaza de los Héroes" de Thomas Bernhard, se alzó como un faro de reflexión, impulsada por las actuaciones de Julieta Cardinali y Vera Spinetta, bajo la dirección de la incomparable Rita Cortese. Una sala llena fue cómplice de una experiencia teatral que trascendió el mero entretenimiento para sumergir a la audiencia en las profundidades de la condición humana y las inquietantes sombras de nuestra sociedad.
Julieta Cardinali y Vera Spinetta, en un despliegue de talento y compromiso, ofrecieron interpretaciones de una intensidad conmovedora. Con una presencia escénica arrolladora, no solo encarnaron a sus personajes, sino que los habitaron, construyendo figuras atravesadas por la ironía mordaz, el dolor punzante, la observación aguda y una humanidad que se niega a pasar desapercibida. Cada gesto, cada mirada, cada inflexión de voz fue un pincelazo en un lienzo que retrató la complejidad de las almas en un mundo en constante zozobra.
La dirección de Rita Cortese, una de las artistas más importantes de la escena contemporánea, fue el hilo conductor que tejió esta experiencia teatral. Con una sensibilidad extraordinaria y una mirada tan rigurosa como profundamente humana, Cortese guio la obra a través de sus intrincados pasajes, revelando las capas más profundas del texto de Bernhard. Su maestría se manifestó en la forma en que logró extraer la esencia de la obra, permitiendo que la crítica social y la reflexión filosófica resonaran con una claridad impactante.
"No tiene un desgarrón" no es una obra que se contente con la superficie. Despliega una mirada implacable sobre la hipocresía social y los mecanismos insidiosos que permiten que ciertas formas de violencia continúen encontrando un caldo de cultivo en la vida cotidiana. Como enfatizó Julieta Cardinali en una conversación exclusiva con el blog de noticias "A Subirse a las Tablas", la obra "habla sobre el avance del fascismo, sobre la vuelta del nazismo, sobre qué pasa con los discursos de odio. Es una obra que nos invita a reflexionar". En un momento histórico donde los ecos del pasado resuenan con una inquietante familiaridad, estas palabras cobran una relevancia innegable.
La pieza teatral es un grito, una advertencia, una invitación a no mirar hacia otro lado. Cardinali profundizó en esta idea, explicando: "Habla sobre esos temas absolutamente, lo que estás diciendo. Por eso digo que nos invita a reflexionar. ¿Qué pasa con los que se quedan afuera del sistema? ¿Qué pasa con los que se quedan sin trabajo? ¿Qué pasa con los abandonados? ¿Qué pasa con los que miran para otro lado?". Estas preguntas, lejos de ser retóricas, resuenan en la conciencia del espectador, obligándolo a confrontar las realidades más incómodas de nuestra sociedad.
La actriz destacó, además, la atemporalidad de la obra: "La verdad es que es una obra que fue escrita en 1988, pero es absolutamente actual. Es lo que está pasando ahora, lamentablemente". Es un testimonio desgarrador de cómo ciertas problemáticas persisten a lo largo del tiempo, mutando quizás en su forma, pero manteniendo su esencia destructiva.
La resonancia de la obra es tal que, como concluyó Cardinali, "Es un texto que nos es fácil dialogar con este texto porque los textos de por sí están tan bien escritos que es estar presente en el momento. Y la verdad es que nos pasa que la gente nos espera fuera del teatro para conversar sobre esta obra. O sea, es muy interesante lo que pasa". Este fenómeno post-función es un claro indicativo del profundo impacto que "No tiene un desgarrón" ejerce sobre su público, transformando la experiencia teatral en un catalizador para el diálogo y la reflexión crítica.
"No tiene un desgarrón" es más que una obra de teatro; es un espejo inquietante que nos confronta con las complejidades y las contradicciones de nuestra existencia. Es un recordatorio de que el arte, en su forma más pura, tiene el poder de iluminar las sombras y de impulsarnos a cuestionar, a sentir y, en última instancia, a buscar un camino hacia una sociedad más justa y humana.
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