Por Agustín Ochoa Ortega. Mientras su clásico ciclo radial "La venganza será terrible" sigue cosechando éxitos en su gira nacional, el multifacético Alejandro Dolina, en compañía de la talentosa poeta y dramaturga Cora Barengo, logró conmover y hacer reflexionar al público que colmó el Teatro Municipal Roma de Avellaneda. Su más reciente propuesta teatral, "La noche extraviada o los libretistas del mundo", sumerge a los espectadores en un universo poético, filosófico y onírico, donde la actuación, la palabra y la música se entrelazan para construir una experiencia escénica singular.
En esta obra, Dolina nos transporta a un escenario donde el protagonista principal se encuentra asediado por los "libretistas del mundo", quienes dictan sus propios pensamientos, palabras y acciones. Todo esto transcurre en el marco de una conferencia sobre poesía, mientras una densa niebla envuelve el espacio, creando una atmósfera de misterio y desorientación. La esencia de la obra radica en mostrar cómo el individuo puede llegar a perder su soberanía frente a los discursos externos, asumiendo como propios mandatos ajenos.
En una conversación exclusiva con A SUBIRSE A LAS TABLAS, Alejandro Dolina profundizó sobre esta temática central que atraviesa la obra. "El hombre que recibe órdenes, en este caso son libretos, constantes y sonantes, y una vez descubierto que él no es capitán de su propio barco, siempre aparece el deseo de emancipación, el deseo de decidir su propia vida", explicó. Sin embargo, el autor también señaló una paradoja recurrente: "como ocurre con muchísima frecuencia, todo lo que él hace para evitar los mandatos, en realidad es el cumplimiento del mandato, sin que él lo sepa".
Dolina aclaró que, si bien "la clásica tragedia del hombre está en todas partes, la angustia ante la muerte, el misterio de su propia conciencia", el argumento central y más visible de "La noche extraviada o los libretistas del mundo" es la falta de independencia. La obra nos invita a cuestionar hasta qué punto somos verdaderamente dueños de nuestras decisiones y pensamientos, o si estamos, de alguna manera, siguiendo un libreto escrito por otros.
La colaboración con Cora Barengo es fundamental en la construcción de este universo teatral. Juntos, han tejido una narrativa impregnada de imaginación, sensibilidad y misterio. La presencia escénica de Barengo, llena de matices, aporta profundidad, delicadeza y una musicalidad que dialoga constantemente con el mundo poético de la obra. Alejandro Dolina no escatimó en elogios para Barengo, describiéndola como una "muy buena" actriz. Reveló además que la génesis de la obra se encuentra en la presentación de un libro de Barengo titulado, precisamente, "La noche extraviada". "Cuando la presentamos yo dije algunas cosas acerca de lo que me parecía el libro, mientras que ella recitaba; a lo cual me pareció una muy buena mezcla para hacerlo", recordó Dolina.
Dolina subrayó que la poesía de Barengo "nació independiente de esta obra, mejor dicho, esta obra nació a la vista de la poesía de Barengo, pensando que tal vez la poesía es la única manera de evadir los mandatos y de torcer el destino". Además, reflexionó sobre el poder de la poesía: "La poesía tal vez no nos libera del todo de una manera concreta, pero quizá nos permite volar a territorios donde el mandato mercantilista no llega. Entonces por lo menos tenemos allí un refugio, un lugar donde no nos pueden alcanzar los libretistas".
En el desarrollo de la trama, el conferencista se encuentra inesperadamente con una mujer (o varias), encuentro que desencadenará una serie de complicaciones, incluyendo la omnipresente niebla. Es como si el destino de ambos ya estuviera trazado, convirtiéndose en una trágica escena de relojes que roban segundos de la circunferencia de sus vidas. Dolina explicó que "al conferencista le aparecen varias Cora Barengo, que son aparentemente distintas, pero cada una de las mujeres que aparecen son esperanzas, son posibilidades de salirse del libreto".
En una fascinante reflexión sobre esta escena de los relojes, Dolina resaltó al teatro como el único espacio sagrado donde el "libretista de la realidad" se detiene. Es allí donde el artista puede adueñarse, aunque sea por un instante, de esos segundos robados. "Es curioso que sea justamente el teatro donde el libreto parece riguroso, donde va a buscar uno la libertad que no encuentra fuera del teatro donde aparentemente uno hace lo que quiere. El actor obedece, la persona común se supone que tiene libertad y sin embargo a veces resulta al revés. Vamos a buscar la libertad allí donde nos sujeta un libreto, una duración y así la encontramos", analizó Dolina, invitándonos a cuestionar nuestras propias nociones de libertad y determinismo en un mundo donde los libretos parecen dictar nuestras vidas. "La noche extraviada" es, sin duda, una obra que despliega un universo atravesado por el amor, el tiempo y las obsesiones humanas, en una puesta que combina actuación, poesía y música en vivo.

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