Por Agustín Ochoa Ortega. El tango argentino, con su profunda melancolía y apasionada cadencia, ha trascendido fronteras, conquistando corazones en los rincones más inesperados del planeta. Uno de sus más ilustres embajadores, el excelentísimo bandoneonista Walter Ríos, nos ha regalado una conmovedora perspectiva sobre este fenómeno global y su propia e inspiradora trayectoria.
En una reciente conversación exclusiva con A SUBIRSE A LAS TABLAS, Ríos compartió experiencias que subrayan la universalidad de este género musical. "Hemos vivido cosas realmente importantes porque no hace mucho hemos hecho dos viajes casi consecutivos a China. Primero fuimos a Taiwán, después a Hong Kong y finalmente a China con la orquesta sinfónica. Y resulta que descubrís que ellos reconocen a dos grandes contemporáneos de la historia de la música Argentina del tango: Carlos Gardel y Astor Piazzolla. Entonces, fue una cosa maravillosa", relató con visible emoción.
La conexión de Ríos con el tango se remonta a su infancia, un vínculo forjado a temprana edad. "Yo empecé de muy chico por eso son 70 años de trayectoria ya que a los 7 años estaba tocando con mi padre en Santa Fe", reveló. Su amor por Carlos Gardel fue instantáneo, un ídolo que para él era un "contemporáneo", incluso antes de comprender plenamente el significado de la música contemporánea. Esta temprana fascinación sentó las bases para una carrera que lo llevaría a recorrer el mundo, difundiendo la magia del tango. "Así que llegar a un país como China y que tanto les gusten Gardel y Piazzolla son alegrías que te da el de recorrer el mundo cómo lo hemos hecho tantas veces", añadió, destacando la gratificación que le produce ver cómo la música argentina resuena en culturas tan diversas.
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Walter Ríos no es solo un bandoneonista; es una leyenda viva del tango argentino. Su lista de colaboraciones es un testimonio de su grandeza: fue bandoneonista de Astor Piazzolla y Mercedes Sosa, dos pilares de la música latinoamericana. Un símbolo tangible de su legado es el bandoneón que le regaló el mismísimo Astor Piazzolla, un instrumento cargado de historia y sentimiento. "(Astor Piazzolla) me acompaña desde 1967. Astor ha sido un poco el gran maestro hasta que me acerque a él, nos hicimos amigos y seguí sus consejos más de una vez hasta hemos sido como cómplices", confesó Ríos, revelando la profunda conexión que compartía con Piazzolla.
Recordó momentos inolvidables como la noche de "Balada para un Loco", donde Piazzolla dirigía y él tocaba con el quinteto. "Hay muchas cosas que me une con Astor Piazzolla. Me emociona mucho tocar su música. El espectáculo lo cerramos siempre con “Adiós Nonino”. Astor Piazzolla siempre está con nosotros y ahora más porque se está acercando el centenario que es el 2021", comentó, haciendo hincapié en la inmortalidad de la música de Piazzolla y su continua relevancia, un legado que incluso ha sido reconocido con una esquina en la Avenida Corrientes y Paraná en Buenos Aires que lleva su nombre.
Finalmente, Walter Ríos ofreció una reflexión sobre la esencia cultural de Buenos Aires, personificada en lugares emblemáticos como el Café Gran Tortoni. "En este lugar que estamos hoy lo tradicional que es. Y cómo la gente empuja para entrar a estos lugares", expresó Ríos, capturando la vitalidad y el atractivo perdurable de estos espacios que son el corazón y el alma de la identidad porteña. La pasión del público por estos lugares tradicionales es un recordatorio de que, a pesar de los cambios del mundo, la riqueza cultural y la historia siempre encontrarán un lugar en el corazón de la gente.
La historia de Walter Ríos es un viaje musical que entrelaza la tradición y la contemporaneidad, un testimonio del poder del tango para conmover y unir a personas de todas las latitudes. Su legado, marcado por la maestría y la pasión, sigue resonando, asegurando que el alma del tango argentino continúe viajando por el mundo, inspirando a nuevas generaciones.