Por Agustín Ochoa. La pieza teatral “El Pescado sin Vender”, dirigida y protagonizada por el primerísimo actor Norberto Gonzalo, fue una de las grandes propuestas culturales que pasaron por el Teatro Municipal Roma de Avellaneda y el Cine-Teatro de Wilde durante el 2019.
A SUBIRSE A LAS TABLAS dialogó en exclusiva con el actor Norberto Gonzalo:
¿De qué se trata “El Pescado sin Vender”?
El pescado sin vender es un encuentro entre el teatro, el cine y la música a través de cinco personajes diferentes. Se reseña todas esas asignaturas pendientes en lo socio-político, económico, lo social, lo humano, lo histórico, de todo lo que forma parte de nuestra historia, y además se transforma en un homenaje a los grandes creadores del cine y teatro, que dan testimonio de la creación colectiva y de las artes para con las causas populares. Además, indaga y debate sobre algunos relatos que la historia nos dejó un poco a mitad de camino; de modo es una manera de compartir una crítica y autocrítica a nuestras asignaturas pendientes.
¿Qué es lo que más disfrutas de protagonizar “El Pescado sin Vender”?
Lo que más disfruto es ratificar que el teatro es un hecho colectivo, mucho más allá de la cantidad de actores que estemos en el escenario. En este caso, disfruto mucho la compañía y la composición de música en vivo del maestro Gerardo Marante, que ha compuesto especialmente la música original para este espectáculo y la comparte conmigo como un actor más en el escenario y en vivo. Después con la puesta audiovisual que ha conseguido Daniel, que es el creador de esa muestra que ilustra sobre el espectáculo y que nos ayuda al relato de toda esta secuencia, que se transformó en el que se llama “Pescado sin Vender”. Justamente por lo que nos queda pendiente a muchos de nosotros y que alguna vez podremos resolver o no en otras circunstancias. Esto es lo que uno disfruta de compartir insisto como un hecho colectivo el hecho de interpretar varios personajes diferentes, pero siempre pensando en la creación que el público recibe desde los distintos personajes que me toca interpretar. Es una satisfacción de poder hacer “Pescado sin Vender”, que está transcurriendo su cuarta temporada. Y esta vez poder compartirla en ese ámbito tan lindo, que es el Teatro Roma de Avellaneda nos pone realmente muy contentos.
¿Sentís que el teatro no está en peligro en extinción?
El teatro es milenario. A esta altura no ha conseguido nadie quitarle esa vida. No creo que vaya a morir nunca sino al contrario si tomamos como dato la cantidad de teatros, que hay en la Ciudad de Buenos Aires, de la provincia de Buenos Aires ni hablar de las salas de teatro independiente, nos vamos a encontrar que superan largamente las doscientas salas. De modo que si a esto sumamos todas las salas teatrales que hay a lo largo y ancho del país vamos a encontrar que cada día aparece un nuevo espacio teatral, a pesar de que la crisis ha estado indicando que muchos espacios se han cerrado por la dificultad de mantención, por las tarifas, por lo que implica tener adelante una sala. Yo tengo la posibilidad de poder afirmarlo porque soy el director del teatro “La Máscara” de hace casi veinte años en San Telmo. Y nos tocó abrirlo en plena crisis del 2000, y podemos afirmar con seguridad que muchísimos espacios se abren todos los días a pesar de que otros están peleando por sostenerse, pero la decisión de los teatristas es que el teatro no va a morir.
El teatro como espacio para la inclusión social…
Creo porque expresa a la gente, al pueblo porque espera ser expresado y reconocido en sus demandas y en sus sueños. El teatro es una fábrica de sueños, es transmitir desde la creación e intelectualidad el trabajo, que es irremplazable de los creadores, dramaturgos, actores, directores, teatristas, y expresa los sueños de la gente, del pueblo. Creo que eso es la función que el teatro tiene: ser el vehículo entre los creadores y los receptores. El público es alguien de que no se puede prescindir en el teatro. Lo que espera es que le devolvamos la expectativa que creamos cuando abrimos un telón.


