A 116 años de la hazaña de Henry Brégi, un imponente mural en la esquina de Aviación y Davel rescata del olvido los dieciséis minutos que cambiaron la historia del cielo sudamericano.
Hay esquinas que son simples cruces de calles y hay esquinas que son portales al tiempo. En la intersección de Aviación y Davel, en el corazón de nuestra querida localidad de Longchamps, el cemento ha dejado de ser mudo. Hoy, las paredes hablan, vibran y rugen con el eco de un motor rotativo que, hace más de un siglo, desafió las leyes de la gravedad y grabó el nombre del partido de Almirante Brown en los libros de la historia universal.
El motivo de este renacer visual es el imponente mural realizado por los artistas Gabo Luna y Eki Besada. Con una técnica que combina la nostalgia del sepia con la fuerza del arte urbano contemporáneo, la obra homenajea al piloto francés Henry Brégi. Fue él quien, aquel mítico domingo 6 de febrero de 1910, selló la hazaña de realizar el primer vuelo controlado a motor en Sudamérica, convirtiendo a las tierras bonaerenses en el epicentro de la modernidad técnica del siglo XX.
Aquel domingo de gloria en el Hipódromo
Para comprender la magnitud de lo que representa este mural, debemos retroceder a la Argentina del Centenario. Eran tiempos donde el país soñaba en grande y la tecnología era la nueva religión. El escenario no fue otro que el flamante Hipódromo de Longchamps, un predio que en aquel entonces simbolizaba el progreso y el esparcimiento de la aristocracia y el pueblo por igual.
Aquel 6 de febrero, el joven Brégi, de apenas 21 años, se enfrentaba a un cielo que todavía pertenecía exclusivamente a las aves. Eran las 5:35 de la tarde. El viento, ese eterno enemigo de los pioneros, dio una tregua. Brégi se calzó sus antiparras, se ajustó la gorra y trepó a su aeroplano Voisin, una estructura de madera, tela y alambres que parecía más una cometa gigante que una aeronave moderna.
Ante la mirada atónita de los comisarios del Aero Club Argentino y una multitud que contenía el aliento, el motor Gnome de 50 caballos comenzó a toser y luego a rugir. El Voisin carreteó, se despegó del suelo y se elevó hasta los 60 metros de altura. Fueron 16 minutos de pura magia. Brégi sobrevoló el hipódromo, trazó círculos perfectos y recorrió unos seis kilómetros antes de descender suavemente, consagrando a Longchamps como la Cuna de la Aviación Sudamericana.
Arte urbano: Memoria en colores sobre Aviación y Davel
El mural de Gabo Luna y Eki Besada no es solo un adorno urbanístico; es un acto de justicia histórica. La elección de la esquina de Aviación y Davel no es casual. Es un punto neurálgico donde el nombre de las calles ya anticipaba la identidad del barrio, pero que ahora, gracias al trazo de los artistas, cobra una dimensión física y tangible.
La obra logra capturar la fragilidad y la potencia de aquel primer vuelo. El rostro de Brégi, con la mirada fija en el horizonte de lo imposible, se mezcla con la estructura detallada del biplano Voisin. La pincelada de Luna y Besada rescata la textura de una época, logrando que el vecino que camina hoy hacia la estación o el chico que pasa con la mochila del colegio se detengan, aunque sea un segundo, a preguntarse: ¿Qué pasó aquí?
Este homenaje se inscribe en una corriente de revalorización del patrimonio histórico de Almirante Brown. La localidad de Longchamps, muchas veces definida por su ritmo residencial y su tranquilidad, guarda en su ADN este hito de audacia y vanguardia.
Aquel vuelo de 1910 no fue un evento aislado. Fue el inicio de una era que vería nacer aeródromos, talleres y una pasión por el aire que persiste hasta hoy. Henry Brégi, aquel "pájaro humano", como lo llamaban las crónicas de la época, encontró en estas tierras el espacio perfecto para su audacia. El mural de Aviación y Davel asegura que, aunque el hipódromo ya no sea el mismo y los aviones de hoy crucen el Atlántico en horas, la semilla de ese progreso sigue plantada en el barrio.
