Por Agustín Ochoa Ortega.
Querida Ka,
Me detengo hoy frente a una hoja en blanco, intentando condensar en palabras lo que el corazón lleva gritando en silencio durante meses. Me toca despedirme de una de las personas más maravillosas que la vida me hizo conocer en los últimos veinte años. Es extraño, y a la vez doloroso, ponerle un punto final a nuestra historia, pero lo hago con la certeza de que fuiste, eres y serás uno de los seres humanos más bellos que me pudo haber pasado en la vida.
Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que compartimos todo: los momentos buenos que nos hacían brillar, los malos que nos pusieron a prueba y los regulares que simplemente nos enseñaron a estar. Pero lo más valioso es que siempre estuvimos juntos. Tu compañía fue mi refugio y tu cariño incondicional el motor que me permitió seguir adelante cuando mis propias fuerzas fallaban.
Fueron los mejores seis años y pico de mi vida. No lo digo a la ligera. Gracias a vos, logré vencer miedos que creía invencibles y superar obstáculos que me parecían montañas infranqueables. Me enseñaste los colores de la vida, tanto los brillantes y dulces como los oscuros y amargos. Hoy entiendo, Ka, que decirte adiós no es un acto de cobardía. Es, quizás, el acto de valentía más grande que he cometido, porque he comprendido que el amor no es egoísta ni masoquista; es entender cuándo soltar por el bien del otro. Es uno de los actos más tiernos que el ser humano puede experimentar.
El origen de todo: 9 de septiembre de 2019
Cierro los ojos y puedo viajar perfectamente a ese 9 de septiembre de 2019, a las 19:10. Estábamos en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, y si no hubiera sido por la insistencia de Marina, quizás nunca nos hubiéramos cruzado. Pero el destino quería que nos viéramos.
Aún guardo en mi memoria, como si fuera una fotografía eterna, el atuendo que lucías ese día: esa camisa escocesa con rayas negras, blancas y rojas, y las calzas negras. Siempre tan coqueta, siempre tan "fachera", marcando presencia sin siquiera intentarlo. Ese día, para ablandar mi timidez, tuviste el gesto de comprarme esos tostados de miga de jamón y queso que tanto te gustan.
Poco a poco, fui conociendo tu universo: tu amor por el exprimido de naranja, las pizzas, el queso, el café y esas famosas papas con cheddar que compartíamos. Y, por supuesto, tu ritual con el helado. Imposible olvidarme de tu combinación perfecta: frutilla, dulce de leche y tramontana. Siempre me pedías que te regalara un cuarto de kilo solo para vos, y yo te miraba feliz, viendo cómo disfrutabas de las cosas simples.
Así pasaron los días y los meses, y sin darme cuenta, fuiste ganando la confianza de este chico que estaba lleno de heridas invisibles. Al principio me costó dejarte entrar, pero ¡qué gran error hubiera sido no hacerlo! Me regalaste los mejores años, le sumaste adrenalina a mi rutina y, sobre todo, le diste color a un mundo que antes de vos era puramente gris.
Nuestros refugios y tus sueños
¿Cómo olvidarme de aquel hermoso mes del 2020? Guardo tantas anécdotas de nuestras caminatas eternas desde Turdera hasta mi casa. Esas tardes en la plaza, mate de por medio, donde el tiempo se suspendía. Nos dábamos cuenta de que se hacía de noche y nosotros seguíamos ahí, hablando de la vida, compartiendo reflexiones y soñando despiertos.
Ese mismo 9 de septiembre, me confesaste tu sueño más íntimo: ser cantante, conquistar el mundo y llenar estadios. Sin saberlo, ese día plantamos la semilla de lo que años más tarde verías florecer. Te convertiste en esa artista que siempre estuvo en vos.
Y en ese camino, te ganaste el corazón de mi mamá. Recuerdo aquel martes de marzo cuando te invitó a comer sus famosas pizzas por primera vez. Ella se convirtió en tu primera fanática y en uno de tus grandes apoyos. Te quería tanto, Ka, que incluso cuando su enfermedad le iba quitando el brillo día a día, sacó fuerzas de donde no tenía para estar presente en tu primer concierto. Ese lazo entre ustedes es algo que atesoraré siempre.
"Ka y Agus": Un mundo de dos
El 1 de junio de 2020 sellamos nuestra hermandad. En plena incertidumbre por la pandemia, nos comprometimos como mejores amigos con aquellas alianzas de plata bellísimas. Recuerdo que tuve que crear un permiso falso y escaparme solo para poder estar con vos. Porque eso éramos: Ka y Agus. No había terceros, no había ruidos externos; éramos nosotros dos contra el mundo.
Me vienen a la mente los viernes de aquellos meses de agosto a noviembre, a las 12 del mediodía. Ahí estábamos, "enganchados" de una red wifi pública para que pudieras tomar tus clases virtuales de canto con Sabri Sosa. Pasábamos días enteros donde nadie sabía nuestro paradero, compartiendo alfajores, sándwiches de miga y todas esas delicias que te hacían sonreír.
Y como broche de oro de ese año, me diste el mejor regalo de las fiestas: me cantaste "Las cosas que vives" de Laura Pausini. Sabías cuánto amaba esa canción y me la entregaste con tu voz, sellando una amistad que me salvó de tantas formas.
El reencuentro y el huracán de los lunes
Es cierto que el 2021 nos vio tomar caminos distintos, pero la vida nos tenía preparada una revancha. En enero del 2022, retomamos nuestra amistad con la fuerza de un huracán. ¡Qué manera de volver! Mis mediodías de lunes se convirtieron, sin duda, en los mejores días de la semana.
Aún me río recordando nuestras corridas cuando llegabas tarde a tus clases de canto, esta vez presenciales con Ana Paula. Nuestro ritual de los mates antes de entrar a clase, esas charlas donde arreglábamos el mundo en unos minutos, son recuerdos que atesoraré por siempre. Así fueron casi tres años y pico de complicidad pura.
El nacimiento de una estrella
El 19 de abril del 2022 quedó marcado a fuego. Te acompañé a ingresar por primera vez a un estudio de grabación. Tu productor era Camilo, el marido de tu profe, y vos eras un manojo de nervios tan grande que ni un mate quisiste aceptar. Pero ni por todo el oro del mundo cambiaría la sonrisa que iluminaba tu rostro ese día. Tu sueño se estaba volviendo realidad.
Así nació "Luz sin Gravedad", tu primer gran éxito. Y con él, llegaron los reconocimientos: tu primer premio como cantante revelación, el "Faro del Fin del Mundo" en Taconeando, donde conociste a la gran Manuela Bravo. Verte feliz, realizada y llena de luz era el motor que me impulsaba a seguir a tu lado.
¿Te acordás de aquel diciembre donde gastamos lo que no teníamos para una nota para un medio de Canadá? Terminamos haciéndola en el McDonald's de Monte Grande, entre la gente que nos miraba, gritando a viva voz: "¡Viva Alai!". Fue un inicio de carrera de ensueño.
"Dos Extraños" y la consolidación de Alai
El 2023 llegó con la grabación de tu segunda canción: "Dos Extraños". Me erizaste la piel cuando te escuché cantar en el estudio de Quasar Mov. En ese momento lo supe y me dije a mí mismo: "He ayudado a crear a una monumental artista, con todas las letras". Tu voz me debilitaba cada vez que te escuchaba, tenía una fuerza que traspasaba cualquier barrera.
Ganaste premios, sí, pero dejame decirte un secreto: lo que más me gustaba no era recibir los galardones, sino estar ahí, acompañando a la mejor amiga que la vida me regaló aquel septiembre de 2019. Las charlas antes de subir, los nervios compartidos y tu sonrisa al recibir la distinción son tesoros grabados en lo más profundo de mi alma.
La Reina del Pop Romántico
Naciste para esto, Ka. Naciste para ser grande, para colmar estadios y conquistar corazones. Cuando debutaste en la tele, los nervios me consumían, pero cuando abriste la boca, dejaste a todos mudos. Los comentarios sobre tu talento eran unánimes: eras única.
Lo que las cámaras no ven: Un libro de recuerdos
No me quiero extender tanto, Ka, porque hemos vivido momentos que alcanzarían para escribir un libro entero. Me guardo para siempre las pijamadas en mi casa, los mates a la luz del sol en el jardín, nuestras salidas a restaurantes, cafeterías y parques.
Llevo conmigo las visitas a tu casa, las charlas profundas con tus papás, las cenas compartidas y todas las veces que cocinamos juntos, entre risas y recetas. Son tantos recuerdos que no podría escribirlos todos, pero cada uno de ellos tiene un lugar sagrado en mi memoria. Siempre fuimos un "nosotros", un lazo inquebrantable, y aunque hoy eso se acabe para siempre, te llevaré eternamente conmigo. Déjame decirte una sola cosa: nadie va a ocupar el lugar vacío que dejas en mí, en mi vida y en mi corazón.
Si tuve errores en este camino, te pido disculpas de todo corazón; hice lo que pude y lo que estuvo a mi alcance para estar a tu altura. Gracias por tanto, Karen. Gracias por todo, Ka.
Te agradezco infinitamente, Karen, por tu amistad, por tu cariño incondicional y por ese amor tan lindo que siempre recibí de tu parte. Me voy con el corazón lleno de recuerdos, con la satisfacción de haber estado a tu lado mientras te convertías en la mujer increíble que sos hoy.
Gracias por enseñarme tanto. Gracias por haber sido mi compañera de batallas. Te deseo que sigas llenando estadios, que tu voz siga sanando almas y que nunca pierdas esa esencia que te hace única.
Con todo mi cariño y una gratitud que no me cabe en el pecho, se despide,
