Por Agustín Ochoa Ortega. En una época dorada para la industria cinematográfica, el Municipio de Avellaneda fue un epicentro de la cultura y el entretenimiento, albergando la asombrosa cifra de 47 salas de cine barriales. Este auge cultural se manifestaba de manera singular en la concentración de cuatro cines –el General Roca, el Colonial, el San Martín y el Maipú– en un radio de apenas una cuadra y media, un fenómeno que da cuenta de la vibrante vida social y cultural de la ciudad. Sin embargo, el inexorable avance de la tecnología y el surgimiento de nuevas plataformas de consumo audiovisual han mermado drásticamente este patrimonio, dejando en pie solo unos pocos vestigios de lo que alguna vez fue un paisaje cinematográfico efervescente.
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| Sala del antiguo Cine San Martín. Ph: Agustín Ochoa Ortega |
Con el firme propósito de preservar la memoria histórica y honrar este legado cultural, el Municipio de Avellaneda, a través de su dirección de Turismo, organizó un emotivo recorrido en bus. En el marco del Día Nacional del Cine, esta iniciativa buscó reconectar a la comunidad con el pasado, trazando un itinerario que abarcó fachadas centenarias, las antiguas salas de cine y el entramado ferroviario que, en su momento, fue el motor del crecimiento y la expansión de la ciudad.
Nuestro viaje al pasado comenzó en el emblemático Cine San Martín, un espacio que desde 1992 ha mutado para albergar una reconocida casa de juegos. A pesar de su transformación, el San Martín conserva un tesoro artístico de incalculable valor: los murales de Antonio Berni, titulados "La alegoría de las artes". Realizados en 1950, año de la inauguración del cine, estas obras de arte son el alma del lugar, atrayendo miradas por su profundo valor artístico, cultural, histórico y turístico. Su relevancia fue reconocida en 2001, cuando la Secretaría de Cultura de la Nación los declaró de Interés Histórico Artístico Nacional. Los murales, que engalanan las paredes laterales de acceso al público y los pequeños nichos sobre las escaleras que conducen al sector Pullman, son un testimonio mudo de la grandiosidad de un pasado que se niega a ser olvidado.
Berni, con su maestría característica, inmortalizó en estas obras a la diosa Afrodita, las Musas y las Horas en el Parnaso, mientras que en los pequeños nichos del descanso central de la escalera se aprecian dos figuras femeninas –una con una flor y otra con un perro–, todas ellas con la inconfundible firma del artista. En 2003, estos murales fueron objeto de una exhaustiva restauración por parte de expertos, siendo reinaugurados en un acto que contó con la presencia del entonces intendente Óscar Laborde y las autoridades del bingo, reafirmando el compromiso con la preservación de este patrimonio.
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| Uno de los murales de Antonio Berni en el antiguo Cine San Martín Ph: Agustín Ochoa Ortega |
Más allá de los murales, tuvimos la oportunidad de explorar la antigua sala del Cine San Martín, un espacio que, aunque ya no proyecta películas, ha encontrado una nueva vida como escenario para recitales de artistas consagrados. Con una capacidad original de casi 3.000 butacas, distribuidas entre platea y Pullman, esta sala fue en su momento una de las más grandes del país, reflejo del auge de la cinematografía nacional y la masiva afluencia de público que caracterizó esa época. Sorprendentemente, las estructuras originales se mantienen casi intactas, conservando la majestuosidad de sus años de esplendor. Las butacas fueron renovadas en 2006 y se añadió un escenario, adaptando el espacio a su nueva función sin borrar la esencia de su pasado. El Cine San Martín, ubicado en Avenida Mitre 219, funcionó como tal hasta 1990, y hoy, su sala es un recordatorio palpable de una era dorada, un puente entre el pasado glorioso y el presente vibrante de Avellaneda.
El punto culminante de este recorrido fue la visita al emblemático Teatro Colonial, un hito arquitectónico y cultural que hoy se encuentra bajo la tutela de los hermanos Serantoni. Inaugurado el 6 de mayo de 1927 con una función benéfica a favor de la Sociedad Popular de Educación, el Colonial fue una obra maestra del Ingeniero Depetris. Su estilo neocolonial, enriquecido con detalles y estilizaciones moriscas de una suntuosidad excepcional, lo distinguía como un verdadero tesoro arquitectónico. Su primer propietario fue Manuel Sinde, un comerciante español afincado en Avellaneda, quien inicialmente concibió el espacio como el "Cine-Teatro España". Sin embargo, la magnificencia de su diseño arquitectónico lo llevó a adoptar la denominación de "Colonial".
Originalmente, el Teatro Colonial tenía una capacidad para 2500 espectadores, una cifra que fue ajustada a 1800 butacas disponibles para el público a partir del año 2007. Ubicado estratégicamente en la Avda. Mitre 141, su imponente presencia puede apreciarse desde la amplia vereda del Paseo del Tango. La fachada del primer piso se embellece con tres arcos de medio punto, flanqueados por columnas con capiteles y fustes de un diseño espectacular. Estos elementos delimitan ventanas con celosías y balcones con rejas de hierro forjado, creando un armonioso equilibrio entre los volúmenes sólidos de los muros y los vacíos de las aberturas. Toda la superficie y sus ornamentaciones están cuidadosamente trabajadas en un revoque que simula piedra, pintado en suaves tonalidades.
Al abrirse el telón metálico que protege su entrada, el Teatro Colonial revela su esplendor. Se accede a su interior a través de cuatro puertas de doble hoja de madera, adornadas con vidrios repartidos en dos paneles y una elegante barra de bronce para su accionamiento. Entre el vestíbulo y el hall de entrada, una serie de rejas bajas de diseño español resaltan, complementadas por mayólicas azules, un distintivo piso damero y coloridos vitraux. Las paredes, delicadamente decoradas en yeso, exhiben fotografías que rinden homenaje a Hugo Tempesta.
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| Sala del Teatro Colonial. Ph; Agustín Ochoa Ortega |
Las puertas de entrada a la platea, también de madera y de cuatro hojas cada una, conducen a una sala magnífica que, con una capacidad actual para 2.000 espectadores, continúa combinando la suntuosidad de los rojos oscuros con la delicadeza de la yesería dorada. Por su escenario principal desfilaron importantes compañías teatrales y radioteatrales, siendo testigo de las actuaciones de leyendas como Carlos Gardel, Agustín Magaldi, Azucena Maizani y Libertad Lamarque. Juan Carlos Chiape, entre otros, cosechó éxitos asombrosos en este mismo escenario. En la pantalla cinematográfica del Colonial se proyectaron desde las obras maestras del cine mudo hasta, increíblemente, películas condicionadas, ya que, entre los años 80 y 90, el Colonial funcionó exclusivamente como un cine para hombres.
El Teatro Colonial fue adquirido por la productora Ser TV, propiedad de Adrián Serantoni, quien realizó una significativa inversión económica para restaurar el lugar a su óptimo estado de funcionamiento. Su reinauguración tuvo lugar el 20 de noviembre de 2007. En una conversación exclusiva con A SUBIRSE A LAS TABLAS, Pablo Serantoni expresó con gran emoción lo que la recuperación de este teatro representa para él y su familia: "Mucha nostalgia. Hemos encarado este proyecto junto a mi hermano. Mucho orgullo de poder seguir sosteniéndolo. Trayendo un montón de espectáculos acá para que la gente de la ciudad, de zona sur y de Capital pueda disfrutar de grandes shows". Estas palabras encapsulan el espíritu de una comunidad que se esfuerza por mantener viva la llama de su rica historia cultural, asegurando que el eco de aquellos cines barriales siga resonando en el corazón de Avellaneda.
Finalmente, el recorrido nos llevó a explorar el recientemente inaugurado Paseo del Ferrocarril, pero desde una mirada cinematográfica que nos transportó a otra época. En sus alrededores se rodó la película "Carne", una producción icónica con la actuación de Beatriz Sarlo y la dirección de Armando Bo. Una de las escenas más memorables de esta película se puede visualizar en el ex frigorífico "El Cóndor", ubicado en Belgrano 1124 entre Arenales y las vías del ex Ferrocarril del Oeste. Hoy en sus terrenos se pueden observar dependencias municipales y un complejo de viviendas que fueron inauguradas en el 2012 a través de una teleconferencia por la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Esta fusión de la historia ferroviaria con el séptimo arte ofrece una perspectiva única del impacto del cine en la configuración de la identidad y el paisaje de Avellaneda.
Este emotivo recorrido también nos recordó la riqueza de la tradición cinematográfica barrial de Avellaneda. Entre los cines que iluminaron las pantallas de la ciudad se encuentran el cine presidente Avellaneda, que comenzó a funcionar en 1946 en la Av. Mitre al 800; el “Biógrafo La Perla”, conocido por sus funciones “altamente morales, amenas e instructivas”; el cinematógrafo “Avellaneda”, de Carlos y Bartolomé Fasiani, en Mitre 362; el “Salón Paris”, en la misma calle al 693; el “Sarmiento” en la sala del Roma, de Andreoni y Giura; el “San Martín” de Juan P. Luppi y Cía.; el café, cine y bar “Falucho” de Saturnino Herrero en Mitre 257 y el “Biógrafo Falucho” de Saturnino Herrero también en Mitre 257; y el “Biógrafo Familiar”, en Mitre 782. Estos nombres resuenan como testimonio de una época en que el cine era un pilar fundamental de la vida social y cultural de cada barrio.
Este viaje al pasado cinematográfico de Avellaneda no solo fue un ejercicio de nostalgia, sino una reafirmación de la importancia de preservar y difundir el patrimonio cultural. Cada sala de cine, cada mural, cada rincón de la ciudad que ha sido escenario de la magia del séptimo arte, es un eslabón invaluable en la cadena de la memoria colectiva. El compromiso del Municipio de Avellaneda con esta tarea es un ejemplo a seguir, garantizando que las futuras generaciones puedan conectar con las raíces de su ciudad y apreciar la riqueza de su historia.


